
PUNTOS CLAVE
- El acceso es el punto por donde se conecta la sangre para la hemodiálisis.
- La fístula es el mejor acceso porque dura más y tiene menos complicaciones.
- Cuidar el acceso previene infecciones y coágulos que interrumpirían la diálisis.
- Revisar a diario que la fístula funcione es un hábito esencial.
- Proteger el brazo del acceso forma parte del cuidado diario.
Si su fístula deja de vibrar o zumbar, o aparece dolor, enrojecimiento o hinchazón, consulte de inmediato.
Para las personas que reciben hemodiálisis, hay algo tan importante como la propia máquina, el acceso. Es el punto por donde la sangre sale y regresa al cuerpo durante cada sesión, y sin él la diálisis no sería posible. Por eso, muchas personas lo llaman con razón su línea de vida.
El acceso más recomendado es la fístula, porque suele durar más años y tener menos complicaciones que otras opciones. Cuidarla bien es fundamental, ya que de ella depende que la diálisis pueda realizarse sin problemas, sesión tras sesión.
En este artículo le explicamos qué es el acceso para diálisis, por qué la fístula es la mejor opción, cómo cuidarla en el día a día y qué señales de alarma no debe ignorar, para que proteja esa conexión tan valiosa para su tratamiento.
¿Qué es el acceso para diálisis?
El acceso es el lugar del cuerpo por donde se conecta la sangre a la máquina durante la hemodiálisis. Permite extraer la sangre para limpiarla y devolverla ya depurada, muchas veces por sesión, así que debe soportar un uso frecuente.
Existen distintos tipos de acceso. El más recomendado es la fístula, seguido del injerto, y en algunas situaciones se usa un catéter. Cada uno tiene sus características, ventajas y riesgos, y el equipo elige el más adecuado para cada persona.
El acceso se prepara idealmente con anticipación, antes de necesitar la diálisis, para que esté listo y funcionando cuando llegue el momento. Por eso, si le hablan de crear una fístula, conviene no retrasarlo.
De la salud del acceso depende que la diálisis sea eficaz. Un acceso que funciona bien permite limpiar adecuadamente la sangre, mientras que uno con problemas puede interrumpir o complicar el tratamiento.
Entender qué es el acceso ayuda a comprender por qué su cuidado es tan importante en el día a día.
¿Por qué la fístula es la mejor opción?
La fístula se crea mediante una pequeña cirugía que une una arteria con una vena, generalmente en el brazo. Con el tiempo, esa vena se fortalece y se ensancha, lo que permite conectar las agujas de la diálisis de forma segura y eficaz.
Su gran ventaja es que, al estar hecha con los propios vasos de la persona, suele durar más años y tener menos riesgo de infecciones y de coágulos que otras opciones. Por eso es la primera elección cuando es posible.
La fístula necesita un tiempo para madurar antes de poder usarse, por lo que se crea con anticipación. Durante ese período, se recomiendan ciertos ejercicios suaves para ayudar a que se desarrolle bien.
No todas las personas pueden tener una fístula, y en esos casos se valoran otras opciones, como el injerto o el catéter. La decisión depende del estado de los vasos y de la situación de cada persona.
Cuando se cuenta con una fístula que funciona bien, se tiene un acceso confiable y duradero, lo que facilita mucho el tratamiento.
Por eso, cuando el médico recomienda crear una fístula, conviene hacerlo cuanto antes, sin postergarlo. El tiempo que tarda en madurar hace que la anticipación sea clave.
Mientras la fístula madura, seguir las indicaciones sobre ejercicios y cuidados del brazo ayuda a que se desarrolle bien y esté lista cuando se necesite.
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El cuidado diario de la fístula
Cuidar la fístula empieza por revisarla todos los días. Debe sentir una vibración o un zumbido, llamado frémito, al tocarla suavemente. Esa sensación indica que la sangre fluye bien. Si desaparece, es una señal de alarma que requiere consulta inmediata.
Mantenga limpia la zona de la fístula y lávela bien antes de cada sesión de diálisis, siguiendo las indicaciones del personal, para prevenir infecciones. Una buena higiene es una de las mejores protecciones.
Proteja el brazo de la fístula. Evite golpes, presiones fuertes y cargar objetos pesados con ese brazo. No permita que le tomen la presión ni le saquen sangre de ese brazo, y avise siempre que tiene una fístula ahí.
No use ropa apretada, relojes ni pulseras en el brazo del acceso, y evite dormir sobre él, porque la presión puede dificultar el flujo de sangre y dañar la fístula.
Estos cuidados sencillos, repetidos a diario, protegen su línea de vida y evitan complicaciones que interrumpirían la diálisis.
El catéter y otras opciones
En algunas situaciones, sobre todo cuando se necesita diálisis con urgencia o no es posible una fístula, se usa un catéter, un tubo que se coloca en una vena grande. Permite iniciar la diálisis pronto, pero tiene más riesgo de infecciones.
El injerto es otra opción, que usa un tubo artificial para unir la arteria y la vena cuando los vasos propios no permiten una fístula. Dura menos que la fístula, pero puede usarse antes.
Los catéteres requieren cuidados especiales de higiene, ya que son una puerta de entrada para gérmenes. Es fundamental mantener seca y limpia la zona, seguir las indicaciones del personal y no manipularlo sin necesidad.
Cuando se usa un catéter de forma temporal, muchas veces el objetivo es preparar mientras tanto una fístula, que es la opción preferida a largo plazo. El equipo de salud lo orientará según su caso.
Conocer estas opciones ayuda a entender las decisiones sobre su acceso y a cuidarlo según el tipo que tenga.
Sea cual sea su tipo de acceso, la higiene es siempre la primera línea de defensa contra las infecciones. Lavarse bien las manos y mantener limpia la zona nunca sobra.
Ante cualquier duda sobre cómo cuidar su acceso, pregunte al personal del centro. Ellos pueden mostrarle en detalle los cuidados específicos para su caso.
Señales de alarma que no debe ignorar
Existen señales que indican un posible problema en el acceso y que requieren consulta inmediata. La más importante es la desaparición de la vibración o el zumbido de la fístula, que puede indicar que se ha formado un coágulo.
También son señales de alarma el enrojecimiento, el calor, la hinchazón, el dolor o la salida de pus en la zona del acceso, que pueden indicar una infección. En un acceso, una infección puede ser grave y no debe esperar.
El sangrado que no se detiene tras la diálisis, o un cambio en cómo se ve o se siente el acceso, también deben comentarse pronto al equipo de salud.
La fiebre o el malestar general en una persona con catéter o fístula pueden indicar una infección relacionada con el acceso, y requieren atención sin demora.
Ante cualquiera de estas señales, no espere. Consultar a tiempo puede salvar su acceso y prevenir complicaciones serias.
¿Qué puede hacer usted desde hoy?
Revise su fístula todos los días, comprobando que vibra o zumba al tocarla. Convierta este chequeo en un hábito, por ejemplo al despertar, para detectar cualquier cambio a tiempo.
Cuide la higiene del acceso y lávelo bien antes de cada sesión, según las indicaciones. Proteja el brazo de golpes, presiones y peso, y avise siempre que tiene una fístula para que no le tomen la presión ni le saquen sangre de ese brazo.
Evite la ropa apretada, los relojes y las pulseras en ese brazo, y no duerma sobre él. Estos pequeños cuidados protegen el flujo de sangre de su acceso.
Aprenda las señales de alarma y, ante cualquiera de ellas, consulte de inmediato. Actuar rápido puede salvar su acceso.
Y si tiene un catéter, siga con especial cuidado las indicaciones de higiene y mantenga seca y limpia la zona. Cuidar su acceso es cuidar la continuidad de su tratamiento.
Convertir el cuidado del acceso en una rutina diaria, como parte de su aseo personal, hace que se vuelva un hábito natural que no cuesta mantener.
Y no dude en avisar a familiares y personal de salud que tiene un acceso, para que también ayuden a protegerlo. Un cuidado compartido es más seguro.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Revise su fístula cada día comprobando que vibra o zumba al tocarla.
- Proteja el brazo del acceso de golpes, peso y presiones, y avise que tiene fístula.
- Cuide la higiene del acceso y lávelo antes de cada sesión de diálisis.
- Ante pérdida del zumbido, dolor, enrojecimiento o hinchazón, consulte de inmediato.
Recuerde: su acceso es su línea de vida, y cuidarlo cada día protege la continuidad de su diálisis.
Referencias
- Arıcı, M. (Ed.). (2023). Management of chronic kidney disease: A clinician’s guide (2.ª ed.). Springer Nature.
- Kidney Disease: Improving Global Outcomes (KDIGO). (2024). KDIGO 2024 clinical practice guideline for the evaluation and management of chronic kidney disease. Kidney International, 105(4S), S117 a S314.
- MedlinePlus. (2024). Acceso para diálisis. Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.
- National Kidney Foundation. (2023). Vascular access for hemodialysis. National Kidney Foundation.
- Organización Panamericana de la Salud. (2023). Prevención de infecciones asociadas a la atención. OPS/OMS.
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
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