
PUNTOS CLAVE
- Los riñones y el hígado son los órganos principales encargados de eliminar los medicamentos del cuerpo.
- Con la edad, ambos órganos suelen perder parte de su capacidad de funcionamiento, incluso sin una enfermedad evidente.
- Cuando estos órganos funcionan peor, los medicamentos pueden acumularse y generar más efectos secundarios.
- No existe un solo análisis perfecto para medir la función del hígado, por eso se usan varios exámenes en conjunto.
- Ajustar la dosis según la función real de estos órganos es una de las formas más efectivas de prevenir complicaciones.
¿Sabía usted que dos personas mayores que pesan lo mismo y toman el mismo medicamento pueden necesitar dosis completamente distintas, simplemente porque sus riñones o su hígado funcionan de forma diferente? Los riñones y el hígado actúan como los principales filtros del cuerpo, encargados de eliminar los medicamentos una vez que ya cumplieron su función. Con el paso de los años, ambos órganos suelen perder parte de su capacidad de trabajo, incluso en personas que no tienen ninguna enfermedad diagnosticada de riñón o hígado. En El Salvador, donde muchas familias asumen que la dosis de un medicamento es siempre la misma para todos los adultos, conocer este tema puede ayudar a entender por qué su médico necesita revisar periódicamente estos dos órganos antes de recetar o mantener ciertos tratamientos. Hoy le explicamos por qué esto es tan importante para la seguridad de su familiar mayor.
¿Por qué los riñones y el hígado son tan importantes para los medicamentos?
Los riñones y el hígado son los órganos principalmente responsables de eliminar del cuerpo los productos de desecho, incluyendo la mayoría de los medicamentos y sus residuos una vez que ya han hecho su trabajo. Esto significa que cuando la capacidad de estos órganos disminuye, los medicamentos pueden permanecer más tiempo del esperado en el cuerpo, acumulándose y aumentando el riesgo de que generen efectos secundarios o toxicidad, incluso si se administran exactamente en la dosis que normalmente sería segura para un adulto.
Esta situación tiene varias implicaciones prácticas importantes para cualquier persona mayor. Cuando la eliminación de un medicamento por los riñones o el hígado disminuye, puede ser necesario reducir su dosis, espaciar más el tiempo entre cada toma, o vigilar más de cerca sus niveles en la sangre mediante análisis específicos. Algunos medicamentos, además, pueden por sí mismos provocar daño adicional a estos órganos, por lo que su uso debe limitarse o vigilarse con especial cuidado en personas que ya tienen alguna reducción en su función.
Por estas razones, evaluar el estado de los riñones y el hígado no es simplemente un trámite de rutina, sino una parte esencial de prescribir medicamentos de forma segura en la vejez. Sin esta evaluación, existe el riesgo real de que un tratamiento que sería completamente seguro para una persona joven termine causando complicaciones serias en una persona mayor cuya capacidad de procesar ese mismo medicamento es distinta a la de alguien con menos años de vida.
¿Cómo cambian los riñones con la edad?
Los riñones tienen la función principal de filtrar la sangre y eliminar los productos de desecho a través de la orina, además de regular el equilibrio de líquidos, minerales y ciertas hormonas importantes en el cuerpo humano. La unidad funcional dentro de los riñones, llamada nefrona, se encarga de este proceso de filtración mediante varios mecanismos coordinados. Con el envejecimiento, es común que disminuya gradualmente la capacidad de filtración de los riñones, incluso en personas que no presentan ninguna enfermedad renal diagnosticada.
Una disminución de la función renal es una presentación relativamente común en personas mayores, y dado el papel tan importante que cumplen los riñones en el cuerpo, esta disminución debe considerarse cuidadosamente al revisar cualquier tratamiento. El manejo de esta situación puede requerir desde recetar medicamentos que protejan la función renal restante, hasta eliminar tratamientos que podrían dañar todavía más los riñones, o ajustar el manejo general de las enfermedades crónicas que la persona ya tiene.
Es importante destacar que el grado en que la función renal cambia con la edad varía enormemente de una persona a otra. Algunas personas mayores conservan una función renal prácticamente normal durante toda su vejez, mientras que otras presentan una disminución significativa, especialmente si tienen factores de riesgo adicionales como presión arterial alta, diabetes, o un historial de consumo excesivo de alcohol durante muchos años de su vida. Por eso, el tratamiento siempre debe individualizarse según la situación particular de cada persona, y no asumirse de forma general para todos los adultos mayores por igual.
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¿Y cómo cambia el hígado con el paso de los años?
El hígado cumple numerosas funciones esenciales en el cuerpo, incluyendo la digestión, el metabolismo, la activación de ciertas enzimas, y el almacenamiento de minerales y vitaminas. En lo que respecta a los medicamentos, el hígado ocupa un lugar central, ya que es el sitio principal donde se transforman para poder eliminarse del cuerpo más fácilmente, generalmente a través de la orina o las heces.
Al igual que ocurre con los riñones, el hígado también es susceptible a cambios fisiológicos naturales durante el envejecimiento. Su tamaño puede disminuir, el flujo de sangre que recibe puede reducirse, la actividad de ciertas enzimas encargadas de transformar los medicamentos puede disminuir, y su capacidad única de regenerarse también se ve afectada con los años. Estos cambios, igual que en el caso de los riñones, son altamente variables entre una persona y otra, lo cual refuerza la necesidad de un manejo individualizado.
No existe un único análisis de sangre que evalúe de forma completa y definitiva la función del hígado, por lo que los médicos suelen utilizar varios exámenes en conjunto, que evalúan distintas proteínas y enzimas relacionadas con su funcionamiento general. Es importante saber que estos resultados pueden mantenerse dentro de un rango aparentemente normal hasta etapas relativamente avanzadas de una enfermedad hepática, por lo que un resultado normal no siempre garantiza que el hígado esté funcionando de forma óptima para procesar todos los medicamentos con total seguridad.
¿Por qué es tan importante individualizar el tratamiento según estos órganos?
Dado que tanto la función renal como la hepática pueden cambiar de forma muy distinta entre diferentes personas mayores, resulta fundamental evaluar a cada persona de forma individual, en lugar de aplicar reglas generales basadas únicamente en la edad. Dos personas de ochenta años pueden tener una función renal y hepática completamente distinta, y por lo tanto, necesitar ajustes de dosis muy diferentes para el mismo medicamento.
Esta individualización resulta especialmente relevante porque las metas y preferencias de tratamiento también pueden variar considerablemente entre distintas personas mayores y sus circunstancias particulares de vida. Mientras que algunas pueden beneficiarse de un manejo más intensivo de su función renal o hepática para proteger lo que queda de su capacidad funcional, otras pueden preferir un enfoque más conservador, centrado principalmente en su comodidad y calidad de vida actual, sin someterse a controles ni ajustes demasiado frecuentes o invasivos.
Reconocer esta variabilidad ayuda a las familias salvadoreñas a entender por qué el médico puede recomendar análisis periódicos de la función renal y hepática en su familiar mayor, incluso si no tiene ninguna enfermedad diagnosticada de estos órganos. Estos análisis no son una formalidad innecesaria, sino una herramienta clave para asegurar que cada medicamento se dosifique de forma segura según la capacidad real del cuerpo de esa persona en particular.
¿Qué puede hacer usted desde hoy para apoyar este cuidado?
Pregunte a su médico de cabecera con qué frecuencia se revisa la función renal y hepática de su familiar mayor mediante análisis de sangre, especialmente si toma varios medicamentos de forma regular o si tiene condiciones que puedan afectar estos órganos, como diabetes o presión arterial alta no controlada de forma adecuada. Esta información ayuda a anticipar la necesidad de ajustes en su tratamiento antes de que aparezcan complicaciones serias.
Si su familiar mayor recibe un medicamento nuevo, pregunte específicamente si su dosis ha sido ajustada considerando la función actual de sus riñones y su hígado, en lugar de asumir automáticamente que la dosis estándar es la adecuada para su situación particular de salud. Esta pregunta sencilla puede prevenir complicaciones relacionadas con la acumulación de medicamentos en el cuerpo a lo largo del tiempo.
Finalmente, mantenga informado a su médico sobre cualquier cambio relevante en los hábitos de su familiar mayor que puedan afectar estos órganos, como el consumo de alcohol, cambios significativos en su alimentación, o la aparición de hinchazón, cansancio inusual o cambios en el color de la orina. Esta comunicación constante entre la familia y el equipo médico es clave para mantener un tratamiento seguro y bien ajustado a lo largo del tiempo.
Cuidar la función de los riñones y el hígado de su familiar mayor no requiere conocimientos médicos avanzados, sino simplemente estar atento a estos órganos con la misma seriedad que se le presta a la presión arterial o al azúcar. Estos dos filtros silenciosos del cuerpo determinan, en gran medida, qué tan seguro resulta cada medicamento que su familiar mayor toma día tras día, y merecen ese mismo nivel de atención dentro del cuidado integral de su salud.
Tu compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Pregunte a su médico con qué frecuencia se revisa la función renal y hepática de su familiar mayor.
- Ante cualquier medicamento nuevo, pregunte si su dosis ha sido ajustada según la función actual de riñones e hígado.
- Observe y reporte cambios como hinchazón en piernas, cansancio inusual o cambios en el color de la orina.
- Comparta con el médico si su familiar mayor consume alcohol o ha tenido cambios importantes en su alimentación.
- Lleve un registro de los resultados de análisis de función renal y hepática para comparar su evolución en el tiempo.
Referencias
- St Pierre, K. I., Hill, K., & Staatz, C. E. (2025). Considering kidney and liver function when prescribing and reviewing medicines in older people. En Polypharmacy and geriatrics. Springer.
- Newsome, P. N., et al. (2018). Guidelines on the management of abnormal liver blood tests. Gut, 67(1), 6-19.
- Feng, Z., et al. (2010). Renal physiology and ageing. Clinical Pharmacokinetics Review.