
PUNTOS CLAVE
- El ejercicio físico regular es uno de los tratamientos con mayor evidencia para el dolor crónico: actúa directamente sobre los mecanismos neurobiológicos del dolor.
- La inactividad prolongada empeora el dolor crónico a largo plazo: el movimiento controlado es terapéutico, no peligroso.
- La fisioterapia con enfoque activo, orientada a enseñar al paciente a moverse de forma segura y progresiva, da mejores resultados que la fisioterapia pasiva.
- El tipo de ejercicio que mejor funciona varía según la condición: el ejercicio aeróbico, el de fortalecimiento y el acuático tienen evidencia para diferentes tipos de dolor.
- La constancia importa más que la intensidad: 20 a 30 minutos de actividad moderada tres a cinco veces por semana supera los beneficios de sesiones intensas y esporádicas.
Antes de iniciar cualquier programa de ejercicio para el dolor crónico, consulte con su médico o fisioterapeuta para descartar contraindicaciones y diseñar un plan adaptado a su condición.
Si alguien le dijera que existe un tratamiento para el dolor crónico que reduce el dolor, mejora el ánimo, ayuda a dormir mejor, fortalece los músculos, mejora la flexibilidad y no cuesta nada, probablemente pensaría que es demasiado bueno para ser verdad. Pero ese tratamiento existe, y se llama ejercicio físico. La ciencia del dolor ha documentado con solidez creciente que el movimiento regular es uno de los tratamientos más efectivos disponibles para el dolor crónico.
Sin embargo, para muchas personas que viven con dolor, el solo hecho de pensar en hacer ejercicio produce más miedo que motivación. ¿Y si me hace daño? ¿Y si me duele más? ¿Y si algo se rompe o se inflama? Estos miedos son comprensibles, pero en la mayoría de los casos no tienen base científica. Lo que la evidencia muestra es que la inactividad prolongada es lo que empeora el dolor a largo plazo, no el movimiento.
En este artículo le explicamos por qué el ejercicio es medicamento, qué tipos de actividad tienen más evidencia para diferentes condiciones de dolor crónico, cómo comenzar de manera segura, y qué puede esperar de la fisioterapia. Su cuerpo fue diseñado para moverse, y ese movimiento puede transformar su relación con el dolor.
Por qué el ejercicio actúa directamente sobre el dolor crónico
El efecto analgésico del ejercicio no es solo una cuestión de distracción o de ‘sentirse bien’. Es neurobiología. El ejercicio activa múltiples mecanismos que reducen el dolor de manera directa. Estimula la producción de endorfinas y endocannabinoides naturales, sustancias que actúan como analgésicos internos en el sistema nervioso. Reduce los marcadores inflamatorios en sangre. Fortalece los mecanismos descendentes de inhibición del dolor en el cerebro, que son precisamente los que están debilitados en muchos casos de dolor crónico.
Uno de los efectos más importantes del ejercicio en el dolor crónico es su acción sobre la sensibilización central. Estudios han documentado que el ejercicio aeróbico regular reduce la sensibilización del sistema nervioso central, disminuyendo la hiperexcitabilidad de las neuronas del dolor que caracteriza condiciones como la fibromialgia, el dolor lumbar crónico y la osteoartritis. En otras palabras, el ejercicio le enseña al cerebro que el movimiento es seguro, reduciendo gradualmente la respuesta de alarma del sistema nervioso.
El ejercicio también tiene efectos profundos sobre el estado de ánimo, el sueño y la ansiedad, todos factores que amplifican el dolor cuando están deteriorados. Una revisión de múltiples ensayos clínicos encontró que el ejercicio aeróbico tiene un efecto analgésico equivalente al de algunos medicamentos para condiciones como la osteoartritis de rodilla y cadera y el dolor lumbar crónico, pero sin los efectos secundarios de los fármacos.
La inactividad: el enemigo silencioso del dolor crónico
Cuando el dolor aparece, el instinto natural es dejar de moverse para proteger la zona afectada. Esta respuesta tiene sentido para el dolor agudo: el reposo protege una lesión mientras sana. Pero en el dolor crónico, especialmente cuando persiste más de seis semanas, el reposo prolongado se convierte en un problema en sí mismo.
La inactividad produce desacondicionamiento físico: los músculos se debilitan, las articulaciones pierden flexibilidad y la capacidad cardiovascular disminuye. Esto hace que cualquier movimiento sea más difícil, más doloroso y más agotador. El desacondicionamiento también contribuye a la sensibilización central: un sistema musculoesquelético débil y rígido envía más señales al sistema nervioso, que a su vez mantiene el estado de alerta que amplifica el dolor.
Además, la inactividad empeora el sueño, aumenta la ansiedad y la depresión, y refuerza el catastrofismo y el miedo al movimiento. El resultado es un círculo que se retroalimenta: el dolor produce inactividad, la inactividad empeora el dolor, el mayor dolor genera más inactividad. Romper ese círculo requiere movimiento progresivo y supervisado, no más reposo.
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Tipos de ejercicio y para qué tipo de dolor sirven
El ejercicio aeróbico de intensidad moderada, como caminar, nadar, andar en bicicleta o hacer aeróbicos acuáticos, tiene la mayor evidencia para condiciones como la fibromialgia, el dolor lumbar crónico, la osteoartritis y el dolor crónico generalizado. Tres a cinco sesiones por semana de 20 a 30 minutos a una intensidad que permita hablar pero cueste un poco es el objetivo a alcanzar gradualmente. La clave es empezar muy por debajo de esa meta y aumentar despacio.
El ejercicio de fortalecimiento muscular, especialmente de los músculos del tronco (abdomen y espalda) para el dolor lumbar, y de cuádriceps e isquiotibiales para el dolor de rodilla por osteoartritis, complementa el aeróbico con beneficios específicos para la estabilidad articular. El tai chi y el yoga han mostrado beneficios especialmente para el dolor lumbar crónico, la osteoartritis y la fibromialgia, combinando fortalecimiento, flexibilidad y atención plena.
El ejercicio acuático o hidroterapia es una excelente opción para personas con dolor severo que dificulta la actividad en tierra, adultos mayores con múltiples articulaciones afectadas, u personas con sobrepeso. El agua reduce la carga articular mientras permite el movimiento y el fortalecimiento. Estudios bien diseñados han documentado reducción significativa del dolor en osteoartritis, fibromialgia y dolor lumbar con programas de ejercicio acuático supervisado.
Cómo comenzar de manera segura cuando el dolor está presente
Uno de los principios fundamentales del ejercicio terapéutico en el dolor crónico es la progresión gradual. El objetivo no es eliminar el dolor antes de moverse, sino comenzar a moverse a pesar del dolor, con una intensidad que sea tolerable y que pueda sostenerse. El dolor durante el ejercicio no siempre significa que algo está dañándose: en el contexto del dolor crónico, es frecuentemente la respuesta de un sistema nervioso sensibilizado que se está recalibrando.
Una regla práctica útil es la regla del dos en diez: si el dolor durante el ejercicio no supera dos puntos por encima de su nivel basal de dolor (en una escala del 0 al 10), y vuelve al nivel basal dentro de los diez minutos posteriores al ejercicio, esa actividad es segura para continuar. Si el dolor supera esos límites, reduzca la intensidad o la duración, pero no deje de moverse completamente.
El inicio ideal es con sesiones muy cortas, de cinco a diez minutos, y aumentar de cinco en cinco minutos cada semana según la tolerancia. Elegir actividades que disfrute aumenta significativamente la adherencia al programa. Hacerlo con otras personas, ya sea en clases grupales, con un amigo o con la familia, también mejora la constancia. Y celebrar los avances pequeños, como haber completado una semana de caminatas, es parte del proceso.
Qué esperar de la fisioterapia para el dolor crónico
La fisioterapia bien orientada para el dolor crónico es muy diferente a la fisioterapia pasiva de aplicar calor, ultrasonido o masajes y esperar resultados. La evidencia más sólida respalda la fisioterapia activa: aquella en que el paciente aprende a moverse de manera correcta, fortalece los músculos relevantes, trabaja la flexibilidad y recibe educación sobre por qué el movimiento es seguro y terapéutico.
En la primera sesión, un fisioterapeuta especializado en dolor crónico evaluará su función, identificará los movimientos que le generan más dificultad y diseñará un programa progresivo adaptado a sus capacidades y objetivos. También le explicará qué está pasando en su cuerpo y por qué los ejercicios que le indica ayudan: esta educación tiene un valor terapéutico en sí mismo.
La frecuencia ideal de sesiones depende del caso, pero el objetivo siempre es que el paciente pueda eventualmente realizar su programa de ejercicios de manera independiente, sin necesitar al fisioterapeuta de manera indefinida. Un buen fisioterapeuta trabaja para hacerse innecesario: le enseña a usted las herramientas para manejar su dolor de forma autónoma.
Estrategias para mantenerse activo a largo plazo
El mayor desafío del ejercicio como tratamiento del dolor crónico no es comenzar: es mantenerse. Los estudios muestran que los beneficios del ejercicio sobre el dolor desaparecen con la inactividad, lo que significa que la actividad regular debe convertirse en un hábito de vida, no en un tratamiento temporal.
Para mantener la constancia, elija actividades que encajen naturalmente en su rutina diaria: si le gusta caminar, camine; si le gusta nadar, nade. Ponga el ejercicio en el calendario con el mismo nivel de compromiso que una cita médica. Busque compañía: hacer ejercicio con otros reduce la probabilidad de abandonarlo. Y cuando tenga días malos de dolor, haga versiones más cortas o suaves de su rutina en lugar de suspenderla completamente: incluso diez minutos mantienen el hábito y producen beneficios.
Si tiene un profesional de fisioterapia o un médico de seguimiento, infórmele regularmente sobre su nivel de actividad. Celebre los logros: lleva un mes caminando tres veces a la semana es un éxito médico y personal que merece reconocimiento. Cada semana de movimiento es una semana en que su sistema nervioso recibe el mensaje de que el movimiento es seguro, y ese mensaje acumulado transforma gradualmente la experiencia del dolor.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Comience hoy con cinco minutos de caminata a un ritmo cómodo: mañana haga cinco minutos también. La constancia importa más que la intensidad.
- Llame a un fisioterapeuta esta semana para obtener una evaluación y un programa de ejercicios adaptado a su condición de dolor.
- Identifique a alguien en su entorno, un familiar, un vecino o un amigo, que pueda acompañarle en caminatas o ejercicio: la compañía mejora la adherencia.
- Lleve un registro sencillo de su actividad física esta semana: tipo de ejercicio, duración y nivel de dolor antes y después. Estos datos son valiosos para usted y para su equipo médico.
Su cuerpo fue diseñado para moverse, y ese movimiento puede transformar su dolor. Un paso a la vez, un día a la vez.
Referencias
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Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
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