
PUNTOS CLAVE
- El dolor crónico en niños y adolescentes es una condición real con base neurobiológica: no es exageración, dramatismo ni un intento de evitar responsabilidades.
- Las condiciones más frecuentes incluyen el dolor abdominal funcional crónico, la fibromialgia juvenil, las cefaleas crónicas y el dolor musculoesquelético generalizado.
- Los niños con dolor crónico pueden continuar en la escuela y mantener actividades sociales con el plan de manejo adecuado: el objetivo no es esperar a que el dolor desaparezca.
- El tratamiento interdisciplinario que combina fisioterapia, psicología y apoyo familiar tiene mejor evidencia que el tratamiento farmacológico solo.
- La respuesta de los padres ante el dolor del niño influye en cómo evoluciona el dolor: el apoyo sin sobreprotección favorece la recuperación.
Si el niño o adolescente tiene dolor que persiste más de tres meses, que interfiere con la escuela o las actividades sociales, o que viene acompañado de pérdida de peso o fiebre, consulte al pediatra para una evaluación completa.
Los niños no deberían tener dolor todos los días. Y sin embargo, muchos lo tienen. El dolor crónico en la infancia y la adolescencia es más frecuente de lo que muchos padres y médicos reconocen: se estima que entre el 25 y el 30 por ciento de los niños en edad escolar reportan dolor recurrente o crónico en alguna parte del cuerpo. Y ese dolor tiene un impacto real en la escuela, en las relaciones con los compañeros y en el bienestar emocional del niño y de toda la familia.
Uno de los mayores obstáculos para que los niños con dolor crónico reciban la atención que necesitan es la falta de comprensión. Muchos adultos, incluyendo algunos profesionales de salud, tienden a minimizar o a dudar del dolor infantil: ¿será que exagera? ¿Querrá faltar a la escuela? ¿Será ansiedad? Estas preguntas, aunque comprensibles, pueden retrasar meses o años el diagnóstico y el tratamiento adecuados.
En este artículo le ofrecemos a los padres y familias información clara sobre el dolor crónico en niños y adolescentes: cómo reconocerlo, cuáles son las condiciones más frecuentes, qué tratamientos tienen evidencia y cómo pueden apoyar al niño de manera efectiva sin sobreprotegerlo.
El dolor crónico infantil es real: la neurobiología detrás del dolor del niño
El dolor crónico en niños sigue los mismos mecanismos neurobiológicos que en los adultos. La sensibilización central, ese proceso por el cual el sistema nervioso se vuelve hiperactivo y amplifica las señales de dolor, puede desarrollarse en niños igual que en adultos. Los síndromes de dolor funcional, aquellos donde el dolor es real pero no hay daño tisular visible en los exámenes, son en gran medida el resultado de esa sensibilización central.
Investigaciones en neuroimagen han confirmado que el cerebro de los niños y adolescentes con dolor crónico muestra patrones de activación similares a los documentados en adultos con las mismas condiciones. Esto confirma que el dolor es biológicamente real, no un problema de actitud o de carácter del niño. Entender esto es fundamental para que los padres y cuidadores puedan apoyar al niño de manera efectiva en lugar de dudar de su experiencia.
El hecho de que el dolor sea “funcional”, sin causa orgánica visible, no significa que no sea tratable. Significa que el tratamiento debe dirigirse al sistema nervioso sensibilizado, no a una lesión que no existe. Los programas de tratamiento interdisciplinario para el dolor crónico pediátrico han demostrado que, con la combinación correcta de fisioterapia, apoyo psicológico y participación familiar, la mayoría de los niños puede recuperar la función y la calidad de vida significativamente.
Condiciones de dolor crónico más frecuentes en niños y adolescentes
El dolor abdominal funcional crónico es una de las condiciones de dolor pediátrico más frecuentes: afecta hasta al 10 o 15 por ciento de los niños en edad escolar y se presenta con dolor abdominal recurrente sin causa orgánica identificable. Puede estar relacionado con el síndrome de intestino irritable pediátrico, la dispepsia funcional o el dolor abdominal funcional no especificado. Los niños con esta condición frecuentemente también tienen ansiedad y el dolor empeora en situaciones de estrés escolar o social.
La fibromialgia juvenil afecta principalmente a adolescentes, con una clara predominancia en niñas, y se presenta con dolor musculoesquelético generalizado, fatiga, sueño no reparador y alteraciones del ánimo. Las cefaleas crónicas, incluyendo la migraña y la cefalea tensional crónica, son igualmente frecuentes en este grupo de edad y pueden tener un impacto devastador en la asistencia escolar y la vida social. El síndrome de dolor regional complejo, aunque menos frecuente, también puede presentarse en niños y adolescentes con características que requieren tratamiento especializado urgente.
Una característica importante del dolor crónico pediátrico es que las condiciones con frecuencia se superponen: un adolescente con fibromialgia juvenil puede también tener cefaleas crónicas, dolor abdominal funcional y alteraciones del sueño al mismo tiempo. Esta superposición refleja la sensibilización central subyacente y confirma la necesidad de un abordaje integral que no trate cada síntoma por separado.
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Las señales de alerta que no deben ignorarse
Aunque la mayoría del dolor crónico en niños es funcional y no tiene una causa orgánica grave, hay señales específicas que requieren evaluación médica urgente para descartar enfermedades graves. Los médicos las llaman banderas rojas y su presencia cambia completamente el enfoque diagnóstico.
Consulte al pediatra sin demora si el dolor del niño o adolescente viene acompañado de: fiebre persistente, pérdida de peso sin causa aparente, sangre en heces o en orina, articulaciones inflamadas y calientes, dolores nocturnos que despiertan al niño consistentemente, debilidad muscular progresiva, cambios en la visión, dolores de cabeza muy intensos de inicio súbito, o si el dolor se localiza en la región articular de grandes articulaciones como rodilla o cadera con limitación de movimiento.
También es importante buscar evaluación cuando el dolor funcional está impidiendo que el niño asista a la escuela durante semanas o afectando gravemente sus relaciones sociales, incluso si los exámenes básicos han salido normales. En estos casos, un especialista en dolor pediátrico o un equipo interdisciplinario puede ofrecer alternativas diagnósticas y terapéuticas que el médico de atención primaria podría no tener disponibles.
Tratamientos con evidencia para el dolor crónico pediátrico
El tratamiento del dolor crónico en niños y adolescentes con mayor evidencia es el interdisciplinario: la combinación de fisioterapia, psicología del dolor y participación familiar produce mejores resultados que cualquier tratamiento por separado. Los programas de rehabilitación para el dolor pediátrico que integran estas tres dimensiones han demostrado reducciones significativas en la discapacidad funcional, el miedo al dolor y la depresión en jóvenes con dolor crónico.
La fisioterapia para el dolor crónico pediátrico se enfoca en recuperar la función, no en esperar que el dolor desaparezca primero. Los ejercicios de desensibilización gradual, la reactivación funcional y las técnicas de manejo del movimiento son el núcleo de la intervención física. El yoga, la acupuntura y la hipnoterapia han mostrado beneficios en estudios específicos con niños para condiciones como el dolor abdominal funcional y la fibromialgia juvenil.
La terapia cognitivo-conductual adaptada a la edad del niño o adolescente tiene evidencia sólida para reducir el catastrofismo, la ansiedad relacionada con el dolor y la discapacidad funcional. Técnicas como el biofeedback, la relajación muscular progresiva y el mindfulness adaptado a la infancia también han mostrado beneficios. El tratamiento farmacológico tiene un papel más limitado en el dolor crónico pediátrico que en el de los adultos: algunos medicamentos usados en adultos no están aprobados o tienen dosificaciones específicas para niños y requieren supervisión especializada.
El papel de los padres: apoyar sin sobreproteger
La respuesta de los padres ante el dolor del niño tiene un impacto directo y documentado en cómo evoluciona ese dolor. Los estudios muestran que cuando los padres responden al dolor del niño principalmente con sobreprotección, evitando que haga actividades, eximiéndolo de responsabilidades escolares y tratando el dolor como una discapacidad definitiva, los resultados a largo plazo son peores que cuando los padres ofrecen apoyo emocional mientras alientan gradualmente el retorno a la actividad.
Esto no significa ignorar el dolor del niño ni obligarlo a hacer cosas que claramente no puede. Significa encontrar un equilibrio entre validar su experiencia dolorosa y animarlo a mantener la mayor normalidad posible. Frases como “sé que te duele y entiendo que es difícil, y también creo que puedes ir a la escuela hoy” comunican empatía y expectativa de funcionamiento al mismo tiempo.
Los padres también deben cuidar su propio estado emocional en este proceso. Tener un hijo con dolor crónico es emocionalmente agotador y puede generar ansiedad, culpa e impotencia en los padres que a su vez los niños perciben y que puede amplificar la respuesta de alarma del sistema nervioso del niño. El apoyo psicológico para los padres es parte del tratamiento integral del dolor crónico pediátrico.
La escuela, los amigos y la vida social: mantener la normalidad como terapia
Uno de los objetivos centrales del tratamiento del dolor crónico en niños y adolescentes es mantener la asistencia escolar y la vida social tanto como sea posible. El abandono escolar prolongado por dolor crónico, aunque comprensible como respuesta de protección, tiene consecuencias graves a mediano plazo: agrava el aislamiento, genera retraso académico difícil de recuperar, refuerza la identidad de enfermo y perpetúa el ciclo de evitación que mantiene la sensibilización central.
Los equipos especializados en dolor pediátrico trabajan activamente con las escuelas para diseñar planes de reintegración gradual que permitan al niño retomar la asistencia, aunque el dolor esté presente. Esto puede incluir horarios reducidos al inicio, adaptaciones de los exámenes, permisos para salir un momento del aula si el dolor se intensifica, y comunicación continua entre el equipo de salud y los docentes.
Los amigos y las actividades sociales también son parte del tratamiento. El aislamiento social en la infancia y adolescencia tiene consecuencias sobre el desarrollo emocional y sobre la percepción del dolor. Mantener aunque sea un núcleo mínimo de amistades y de actividades compartidas actúa como factor protector. Si el dolor limita las actividades habituales, el niño puede explorar actividades adaptadas que le permitan seguir conectado con sus pares.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Si su hijo tiene dolor que persiste más de un mes y limita sus actividades habituales, solicite esta semana una cita con el pediatra y lleve un registro de los episodios de dolor.
- Esta semana, cuando su hijo diga que le duele, responda primero validando su experiencia y luego preguntando qué necesita para seguir haciendo lo que estaba haciendo.
- Hable con el colegio de su hijo para que esté informado de la condición: un docente que entiende lo que ocurre puede ser un aliado valioso en el proceso.
- Busque si en su área hay servicios de psicología pediátrica o de fisioterapia para niños con dolor crónico: la derivación temprana mejora el pronóstico.
El dolor de su hijo es real. Con el equipo correcto y el apoyo adecuado, la mayoría de los niños con dolor crónico puede recuperar una vida plena y activa.
Referencias
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- Cohen, S. P., Vase, L., y Hooten, W. M. (2021). Chronic pain: an update on burden, best practices, and new advances. The Lancet, 397(10289), 2082-2097. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(21)00393-7
- Hechler, T., Kanstrup, M., Holley, A. L., et al. (2015). Systematic review on intensive interdisciplinary pain treatment of children with chronic pain. Pediatrics, 136(1), 115-127. https://doi.org/10.1542/peds.2014-3319
- Malik, A., Williams, D. P., Blazek, G. M., Hasoon, J., Robinson, C. L., y Vu, P. D. (2025). Understanding chronic pain. En J. Hasoon, O. Viswanath, e I. Urits (Eds.), Outpatient opioid prescribing for chronic pain (pp. 1-10). Springer.
- Palermo, T. M. (2018). Assessment and treatment of children with chronic pain. En R. J. Moore (Ed.), Handbook of pain and palliative care (2.a ed.). Springer International Publishing.
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
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