Pérdida de audición en el adulto mayor

Pérdida de audición en el adulto mayor

PUNTOS CLAVE

  • La pérdida de audición es invisible y avanza tan despacio que muchas veces nadie la nota durante años.
  • No solo afecta el oír: afecta la capacidad de comunicarse, y con ella, la vida social y el ánimo.
  • Oír mal se ha relacionado con más aislamiento, más depresión y mayor riesgo de problemas de memoria.
  • Muchas veces se confunde con demencia, cuando en realidad el problema es que la persona no escucha.
  • Hay soluciones: los audífonos y otras ayudas pueden devolver la conexión con los demás.

Este artículo es informativo y no reemplaza la valoración de un profesional. Si sospecha pérdida de audición en un ser querido, conviene una evaluación auditiva especializada.

En una fiesta familiar, un abuelo sonríe y asiente con la cabeza, pero no participa de las conversaciones. Poco a poco se va apagando, se aísla, ya no contesta cuando lo llaman. La familia empieza a preocuparse pensando que quizás está perdiendo la memoria. Y muchas veces, la verdadera causa es otra: no está oyendo bien.

La pérdida de audición es uno de los problemas más comunes y, al mismo tiempo, más ignorados de la vejez. Como no se ve ni duele, suele pasar desapercibida durante años, mientras afecta en silencio la vida social, el ánimo y hasta la memoria de la persona. La buena noticia es que hay soluciones. Hoy le contamos cómo detectarla, por qué importa tanto y qué se puede hacer.

Una pérdida invisible que avanza despacio

La pérdida de audición relacionada con la edad se conoce como presbiacusia. Comienza mucho antes de lo que la gente cree, a veces décadas atrás, y avanza tan lentamente que la persona ni siquiera se da cuenta de que está oyendo menos. Se acostumbra poco a poco y aprende a arreglárselas.

Muchas familias recuerdan, mirando atrás, que la persona hacía años que subía el volumen o pedía repeticiones, sin que nadie lo tomara en serio. Reconocer estas señales tempranas permite actuar antes de que el aislamiento se instale.

Al principio, la persona desarrolla estrategias para disimularlo: sube el volumen del televisor, pide que le repitan las cosas, lee los labios sin notarlo o evita los lugares ruidosos. Con el tiempo, esas estrategias dejan de alcanzar, y ahí es cuando la dificultad se vuelve evidente.

Como no hay señales visibles, ni dolor ni molestia, la pérdida de audición suele reconocerse por cambios en la conducta más que por una queja directa. Por eso, muchas veces es la familia quien la detecta, al notar que la persona se retrae o responde cosas que no vienen al caso.

Este proceso lento tiene una trampa: como la persona se acostumbra, muchas veces niega que oiga mal y se molesta si se lo mencionan. No es terquedad, es que de verdad no percibe el cambio, porque ha ocurrido muy despacio. Por eso conviene abordar el tema con paciencia y cariño, sin reproches.

Más que oír: comunicarse y estar conectado

El verdadero problema de la pérdida de audición no es solo que la persona oiga menos, sino que le cuesta comunicarse. Y comunicarse es la base de nuestra vida social. Cuando seguir una conversación se vuelve agotador, muchas personas mayores empiezan, sin darse cuenta, a evitar las reuniones, a hablar menos y a aislarse.

Poco a poco, el mundo de la persona se va haciendo más pequeño, no porque quiera, sino porque comunicarse le cuesta demasiado. Romper ese aislamiento es una de las razones más importantes para atender la audición a tiempo.

Ese aislamiento tiene consecuencias serias. La pérdida de audición se ha relacionado con más soledad, más tristeza y depresión, y con un mayor riesgo de problemas de memoria. No es que oír mal cause directamente la demencia, pero el aislamiento y el esfuerzo constante por entender pasan factura al cerebro y al ánimo.

Por eso, atender la audición no es un asunto menor ni una simple comodidad. Es una forma de proteger la vida social, el estado de ánimo y la salud mental de la persona. Recuperar la capacidad de comunicarse es recuperar la conexión con los demás.

Piense en lo agotador que resulta pasar horas tratando de adivinar lo que dicen los demás. Muchas personas mayores, cansadas de ese esfuerzo y de pedir que les repitan, prefieren quedarse calladas. Ese silencio, que a veces parece desinterés, muchas veces es rendición ante una barrera que sí tiene solución.

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Cuando se confunde con problemas de memoria

Un punto muy importante es que la pérdida de audición se confunde con frecuencia con la demencia. Una persona que no escucha bien puede parecer distraída, confundida o desconectada. No responde cuando le hablan, no sigue las conversaciones y da respuestas equivocadas, y la familia interpreta que su mente está fallando.

Este malentendido es tan frecuente que a veces lleva a preocupaciones y hasta a tratamientos innecesarios, cuando la solución era mucho más sencilla de lo que se pensaba: ayudar a la persona a oír mejor.

En muchos casos, la mente está perfectamente bien: lo que falla es el oído. Distinguir una cosa de la otra es fundamental, porque el abordaje es completamente distinto. Antes de asustarse pensando en demencia, vale la pena descartar que la persona simplemente no esté oyendo.

Una forma sencilla de sospecharlo es notar si la persona responde mejor cuando se le habla de frente y de cerca, o cuando no hay ruido alrededor. Si en esas condiciones entiende sin problema, es muy probable que el asunto sea de audición y no de memoria.

Esto no significa que haya que elegir entre una cosa y otra, pues a veces coexisten. Pero corregir la audición, cuando ese es el problema, puede mejorar de forma notable la comunicación, la participación y la aparente lucidez de la persona. Por eso, una evaluación auditiva vale mucho la pena.

Por eso, ante una persona mayor que parece distraída o desconectada, una buena pregunta es si de verdad está escuchando. Muchas familias se llevan una grata sorpresa al descubrir que, al mejorar la audición, su ser querido vuelve a participar, a conversar y a mostrarse tan presente y lúcido como siempre.

¿Qué soluciones existen?

La pérdida de audición no tiene por qué condenar a nadie al silencio ni al aislamiento. Existen soluciones que pueden marcar una enorme diferencia en la vida de la persona.

  • Los audífonos son la ayuda más conocida: amplifican y aclaran los sonidos, y hoy son más pequeños y cómodos que antes.
  • Existen también otros dispositivos de apoyo, como amplificadores para el teléfono o la televisión, y sistemas para escuchar mejor en reuniones.
  • Adaptar la comunicación ayuda mucho: hablarle de frente, con buena luz, despacio y sin gritar, y sin taparse la boca.
  • Reducir el ruido de fondo, como apagar la radio o la televisión al conversar, facilita que la persona entienda.
  • Tener paciencia y no excluir a la persona de las conversaciones la mantiene conectada y con ánimo.

¿Qué puede hacer usted y cuándo consultar?

Si nota que su ser querido sube mucho el volumen del televisor, pide que le repitan las cosas, tiene dificultad para hablar por teléfono, se pierde en las conversaciones de grupo o se ha ido apagando socialmente, es momento de sospechar una pérdida de audición y buscar una evaluación.

Es importante actuar sin dejar pasar años, como suele suceder. Mientras más tiempo pasa una persona sin oír bien, más se acostumbra al aislamiento y más le cuesta después adaptarse a un audífono. Buscar ayuda temprano da mejores resultados y evita años de soledad innecesaria.

Un primer paso es descartar algo tan sencillo como un tapón de cera, que es una causa común y fácil de resolver. Si no es eso, una evaluación auditiva permite medir con precisión cuánto y cómo oye la persona, y definir la mejor ayuda para su caso.

En El Salvador, puede consultar a través de las unidades de salud del MINSAL o del ISSS, que pueden orientar la evaluación y el tratamiento. No deje que su ser querido se quede en silencio pensando que es solo la edad. Ayudarle a oír de nuevo es devolverle la conversación, la compañía y la alegría de estar con los suyos.

Recuerde que usar un audífono requiere un tiempo de adaptación. Al inicio, los sonidos parecen extraños porque el cerebro se reacostumbró al silencio. Con paciencia y acompañamiento, la mayoría de las personas termina agradeciendo enormemente el cambio.

Tu compromiso de hoy

Esta semana puede dar estos pasos concretos:

  • Observe si su familiar mayor sube mucho el volumen, pide repeticiones o se aísla en las reuniones.
  • Al conversar con él, háblele de frente, con buena luz, despacio y sin gritar.
  • Reduzca el ruido de fondo, apagando la radio o la televisión, cuando quiera platicar.
  • Si sospecha pérdida de audición, saque una cita para una evaluación auditiva.

Recuerde: ayudar a un ser querido a oír de nuevo es devolverle la conversación, la compañía y las ganas de estar con los suyos.

Referencias

  • Montano, J. J. (2022). Hearing loss and aging. En R. M. Caplan, J. A. Morais, A. Fuks y S. Gilbert (Eds.), The care of the older person (5.a ed.) (pp. 225 a 232). CRC Press.
  • Organización Mundial de la Salud. (2024). Pérdida de audición. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/deafness-and-hearing-loss
  • Caplan, R. M., Morais, J. A., Fuks, A., y Gilbert, S. (Eds.). (2022). The care of the older person (5.a ed.). CRC Press.

Contenido revisado por profesionales de la salud

Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →

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