Desnutrición en el adulto mayor

Desnutrición en el adulto mayor

PUNTOS CLAVE

  • Aproximadamente uno de cada cuatro adultos mayores en el mundo está desnutrido o tiene riesgo de estarlo.
  • La desnutrición no siempre significa estar delgado, también puede ocurrir en personas con sobrepeso que pierden músculo.
  • Tomar diez o más medicamentos, vivir solo o tener dificultad para caminar son señales de mayor riesgo de desnutrición.
  • La pérdida del apetito en la vejez tiene causas concretas que muchas veces se pueden identificar y mejorar.
  • Detectar la desnutrición a tiempo puede prevenir hospitalizaciones, infecciones y pérdida de independencia.

¿Sabía usted que una persona mayor puede estar desnutrida, aunque parezca comer una cantidad normal de alimentos, o incluso si tiene sobrepeso? En El Salvador, muchas familias asocian la desnutrición únicamente con la delgadez extrema, sin saber que esta condición puede presentarse de formas mucho más sutiles, especialmente en la vejez. La desnutrición en el adulto mayor es más común de lo que la mayoría de las familias imagina, y muchas veces pasa desapercibida hasta que ya ha generado complicaciones serias. Hoy le explicamos qué es realmente la desnutrición en esta etapa de la vida, cuáles son sus señales de alerta y qué puede hacer su familia para detectarla y prevenirla a tiempo.

¿Qué es realmente la desnutrición y qué tan común es?

La desnutrición se define como un desequilibrio entre el crecimiento y la descomposición de los tejidos del cuerpo y las reservas de nutrientes, lo cual resulta en pérdida de músculo, disminución del funcionamiento físico y mental, y peores resultados clínicos en general. Aunque tradicionalmente se asocia con personas muy delgadas, la realidad es más compleja, ya que también puede ocurrir por exceso de calorías combinado con falta de nutrientes adecuados, o incluso en personas con sobrepeso que están perdiendo masa muscular de forma significativa, una condición conocida como obesidad sarcopénica.

A nivel mundial, se estima que aproximadamente una de cada tres personas tiene alguna forma de desnutrición, ya sea por defecto o por exceso. En el caso específico de los adultos mayores, se calcula que aproximadamente uno de cada cuatro está desnutrido o en riesgo de estarlo. Esta cifra es considerablemente más alta en personas que viven en hogares de cuidado a largo plazo, en quienes están hospitalizados o en unidades de rehabilitación, comparado con quienes viven de forma independiente en su propia comunidad.

También se ha observado que la desnutrición es más frecuente en mujeres, en personas que viven en zonas rurales, en quienes tienen más de ochenta años, en personas con enfermedades crónicas, y en quienes viven en países de ingresos bajos o medios, una categoría que incluye a buena parte de Centroamérica. Esto significa que las familias salvadoreñas deben estar particularmente atentas a este riesgo, ya que las condiciones sociales y económicas de nuestra región pueden aumentar la probabilidad de que un adulto mayor desarrolle desnutrición sin que la familia lo note a tiempo.

¿Qué factores aumentan el riesgo de desnutrición en la vejez?

Existen varios factores físicos que aumentan claramente el riesgo de desnutrición, incluyendo la fragilidad, tomar diez o más medicamentos al mismo tiempo, la pérdida de fuerza o dificultad para caminar y subir escaleras, el deterioro de la memoria o la presencia de demencia, la enfermedad de Parkinson, el estreñimiento, y en general, reportar un estado de salud regular o malo. Cada uno de estos factores puede, por sí solo o combinado con otros, reducir gradualmente la cantidad y calidad de alimentos que una persona consume.

También existen factores relacionados directamente con la boca y la alimentación que aumentan este riesgo, como la mala higiene bucal, la dificultad para tragar conocida como disfagia, la pérdida de apetito, y la necesidad de ayuda de otra persona para poder comer. Estos factores suelen pasar desapercibidos en las revisiones médicas de rutina, a menos que la familia o el profesional de salud pregunten específicamente sobre ellos durante la consulta.

Finalmente, existen factores sociales y psicológicos igualmente importantes, como la pérdida de interés general en la vida, vivir solo, estar separado, divorciado o sin pareja, vivir en una institución de cuidado, y haber sido hospitalizado recientemente o en el pasado. De hecho, estudios que analizaron a personas mayores que viven en su comunidad encontraron que no tener pareja, haber sido hospitalizado y tener dificultad para caminar o subir escaleras fueron los predictores más fuertes del inicio de la desnutrición.

Video relacionado

¿Por qué disminuye el apetito con la edad?

La pérdida de apetito relacionada con el envejecimiento, conocida médicamente como anorexia del envejecimiento, es una de las causas principales detrás de muchos casos de desnutrición en personas mayores. Esto ocurre por una combinación de cambios normales en el cuerpo, como una sensación de saciedad que llega más rápido, cambios en la percepción del sabor y el olor de los alimentos, y un vaciamiento más lento del estómago, sumado a factores como la soledad durante las comidas, la depresión, o la dificultad física para masticar y tragar.

Es importante diferenciar esta pérdida de apetito relacionada con la edad de una pérdida de apetito que aparece de forma súbita o que se acompaña de otros síntomas preocupantes, ya que esta última puede ser señal de una enfermedad activa que necesita atención médica, como una infección, un problema digestivo, depresión clínica, o incluso un efecto secundario de algún medicamento que la persona esté tomando. Un cambio gradual a lo largo de meses no se evalúa de la misma manera que una pérdida de apetito que ocurre en cuestión de días o semanas, y esta diferencia en el tiempo de aparición suele ser una pista valiosa para el médico que evalúa la situación.

Reconocer esta diferencia es clave para que las familias no minimicen un cambio importante en el apetito de su familiar mayor, asumiendo simplemente que es normal de la edad, cuando en realidad podría tratarse de algo identificable y tratable. Una conversación honesta con el médico de cabecera sobre los hábitos alimentarios recientes de la persona puede ayudar a distinguir entre ambas situaciones.

¿Qué consecuencias trae la desnutrición si no se detecta a tiempo?

La desnutrición no es simplemente un problema relacionado con el peso corporal, sino que se asocia con peores resultados de salud en general, incluyendo mayor riesgo de complicaciones después de una cirugía, mayor susceptibilidad a infecciones debido a un sistema inmunológico debilitado, cicatrización más lenta de heridas, mayor riesgo de caídas debido a la pérdida de fuerza muscular, y en general, una recuperación más lenta y complicada ante cualquier enfermedad.

Las personas desnutridas también tienden a requerir hospitalizaciones más frecuentes y prolongadas, y una vez hospitalizadas, tienen mayor riesgo de complicaciones durante su estancia. Esto crea un círculo difícil de romper, ya que la propia hospitalización es a su vez uno de los factores que aumenta el riesgo de desarrollar o empeorar la desnutrición, por lo que es fundamental identificar y tratar esta condición lo antes posible, antes de que se convierta en una crisis de salud más grande.

La buena noticia es que la desnutrición, especialmente cuando se detecta en sus etapas iniciales, responde bien a intervenciones relativamente sencillas, como ajustes en la dieta, suplementos nutricionales cuando son necesarios, tratamiento de problemas dentales o de deglución, y abordar las causas sociales o emocionales que puedan estar contribuyendo a la baja ingesta de alimentos.

¿Qué puede hacer usted desde hoy para prevenir o detectar la desnutrición?

Observe si su familiar mayor ha perdido peso recientemente sin haberlo buscado intencionalmente, si ha disminuido notablemente su apetito, si tiene dificultad para masticar o tragar, o si necesita ayuda para alimentarse que antes no necesitaba. Cualquiera de estas señales merece una conversación con su médico de cabecera, especialmente si se presenta junto con otros factores de riesgo como vivir solo, tomar muchos medicamentos o haber sido hospitalizado recientemente.

Fomente que las comidas sean momentos agradables y, en lo posible, compartidos con otras personas, ya que comer en compañía suele mejorar el apetito y la cantidad de alimento consumido en comparación con comer solo. Revise también la salud bucal de su familiar mayor, asegurándose de que sus dientes o prótesis dentales estén en buen estado y no le generen dolor o dificultad al comer.

Finalmente, si su familiar mayor toma diez o más medicamentos, tiene dificultad para caminar, ha sido hospitalizado en el último año, o vive solo sin compañía frecuente, considere que tiene un riesgo aumentado de desnutrición y converse proactivamente con su médico sobre realizar una evaluación nutricional, aunque su familiar no muestre todavía signos evidentes de delgadez. Detectar y actuar a tiempo puede evitar que un problema silencioso se convierta en una complicación de salud mayor.

En muchas familias salvadoreñas, el orgullo y la costumbre de no querer ser una carga llevan a que un adulto mayor minimice su falta de apetito o sus dificultades para comer, evitando mencionarlo incluso a sus propios hijos. Por eso, preguntar directamente y con cariño cómo se siente al comer, si disfruta sus comidas y si necesita algún tipo de ayuda, puede abrir una conversación honesta que de otra forma quizás nunca surgiría por iniciativa propia de la persona mayor.

Tu compromiso de hoy

Esta semana puede dar estos pasos concretos:

  • Pese o pregunte sobre el peso reciente de su familiar mayor y anote si ha habido cambios en los últimos meses.
  • Observe si su familiar mayor termina sus comidas completas o deja porciones grandes sin comer de forma habitual.
  • Revise el estado de su dentadura o prótesis dental y consulte a un odontólogo si nota dolor o dificultad al masticar.
  • Organice al menos una comida compartida en familia esta semana para fomentar un mejor ambiente alrededor de los alimentos.
  • Si identifica factores de riesgo como vivir solo o tomar muchos medicamentos, pregunte a su médico sobre una evaluación nutricional.

Referencias

  • Favaro-Moreira, N. C., et al. (2016). Risk factors for malnutrition in older adults: A systematic review of the literature. Nutrition in Clinical Practice, 31(6), 758-771.
  • Friedman, S. M., Bernstein, M., & Reyes, A. (2024). Malnutrition in older adults: A lifestyle medicine approach. En Geriatrics, lifestyle medicine and health. CRC Press.
  • Organización Mundial de la Salud. (2023). Malnutrición: datos y cifras. OMS.
  • Streicher, M., et al. (2018). Determinants of incident malnutrition in community-dwelling older adults: A MaNuEL multicohort meta-analysis. Journal of the American Geriatrics Society, 66(12), 2335-2343.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio