Infección urinaria en niños

infecciones urinarias

PUNTOS CLAVE

  • En bebés y niños pequeños, la infección urinaria muchas veces se manifiesta solo como fiebre sin ninguna otra señal aparente.
  • Es una de las infecciones bacterianas graves más frecuentes en menores de dos años y puede afectar los riñones.
  • El diagnóstico requiere un examen de orina tomado de forma adecuada, y siempre debe hacerse antes de iniciar el antibiótico.
  • Una infección urinaria con fiebre alta puede dejar cicatrices renales permanentes si el tratamiento se retrasa.
  • Las infecciones repetidas obligan a estudiar si existe alguna alteración de las vías urinarias.

Todo bebé menor de tres meses con fiebre debe ser evaluado de inmediato, sin excepción y sin esperar a ver si se le pasa.

Un bebé con fiebre, sin catarro, sin tos, sin diarrea y sin ninguna otra señal, es una de las situaciones que más confunde a las familias. Como no hay nada visible, la reacción habitual es esperar, dar acetaminofén y ver qué pasa al día siguiente. En una proporción importante de esos casos, lo que hay detrás es una infección urinaria.

Esto importa mucho más de lo que parece. A diferencia de un resfriado, una infección urinaria que sube hasta los riñones puede dejar cicatrices permanentes en un órgano que todavía se está desarrollando. Esas cicatrices no duelen ni se notan, pero años después pueden traducirse en presión arterial alta o en pérdida de función renal.

En este artículo le explicamos cómo se manifiesta la infección urinaria a cada edad, por qué la toma de la muestra de orina es tan importante, en qué consiste el tratamiento y qué medidas de prevención realmente sirven en la vida diaria de una familia salvadoreña.

¿Qué es y por qué es más seria en la infancia?

La infección urinaria ocurre cuando bacterias, casi siempre provenientes del intestino, ascienden por la uretra y colonizan la vejiga. Si se quedan allí, se llama cistitis y produce molestias al orinar. Si suben por los uréteres y alcanzan los riñones, se llama pielonefritis, y ahí el cuadro se vuelve serio, con fiebre alta y afectación general.

En los niños esto tiene una particularidad importante. Los riñones del lactante todavía están madurando, y una infección que los alcanza puede dejar zonas de tejido cicatricial que no se recuperan. Cuantas más infecciones renales tenga un niño, mayor es el daño acumulado.

Además, la infección urinaria en la infancia a veces es la primera señal de una alteración anatómica que nadie sospechaba. La más conocida es el reflujo vesicoureteral, en el que la orina regresa desde la vejiga hacia los riñones en lugar de salir. También pueden existir obstrucciones o malformaciones que favorecen las infecciones repetidas.

Por eso una infección urinaria en un niño pequeño nunca se maneja como un episodio aislado sin importancia. Se trata, se confirma que se curó y, según la edad y el número de episodios, se estudia si hay algo detrás.

¿Qué síntomas produce según la edad?

Este es el punto donde más se retrasa el diagnóstico, porque los síntomas cambian por completo con la edad.

  • Recién nacidos y lactantes menores de tres meses: fiebre o incluso temperatura baja, rechazo del alimento, vómitos, irritabilidad, decaimiento, coloración amarillenta prolongada, poco aumento de peso.
  • De tres meses a dos años: fiebre sin foco aparente, vómitos, irritabilidad, mal olor de la orina, llanto al orinar, poco apetito.
  • Preescolares y escolares: dolor o ardor al orinar, ganas frecuentes y urgentes, dolor en la parte baja del abdomen, orina turbia o con sangre, mojar la cama de nuevo después de haber controlado esfínteres.
  • En cualquier edad, la fiebre alta con escalofríos y dolor en la espalda a la altura de la cintura sugiere que el riñón está comprometido.

El detalle que conviene grabar es este: en el niño menor de dos años, la fiebre puede ser el único síntoma. No habrá ardor, no habrá dolor, no habrá nada que señale las vías urinarias, porque el niño no puede expresarlo. Por eso ante toda fiebre sin causa clara en un lactante debe considerarse el examen de orina.

El mal olor de la orina por sí solo no es un criterio confiable, ya que puede deberse a la concentración o a la alimentación. Es una pista, no un diagnóstico.

Video relacionado

¿Cómo se diagnostica correctamente?

El diagnóstico se hace con un examen general de orina y, sobre todo, con un urocultivo, que es el estudio que identifica la bacteria y determina a qué antibióticos responde. Es indispensable tomar la muestra antes de iniciar cualquier antibiótico, porque después el cultivo puede salir negativo aunque la infección exista.

La forma de recoger la muestra es determinante. En el niño que ya controla esfínteres se pide la orina de la mitad del chorro, después de asear la zona genital. En el lactante que usa pañal, la bolsa recolectora pegada a la piel sirve para descartar, pero no para confirmar, porque se contamina con mucha facilidad.

Cuando el resultado con bolsa sugiere infección en un bebé, o cuando el niño está grave, se toma la muestra por cateterismo vesical o por punción suprapúbica. Puede sonar agresivo, pero es la única manera de tener certeza y de no someter a un niño a semanas de antibiótico por un falso positivo.

En menores de dos años con una primera infección urinaria febril suele indicarse además un ultrasonido de riñones y vías urinarias, y en casos seleccionados estudios adicionales para valorar la presencia de reflujo. Estos exámenes no se piden por rutina en todos los casos, sino según la edad, la gravedad y la repetición de los episodios.

¿Cómo se trata y qué pasa después?

El tratamiento se basa en antibióticos, elegidos inicialmente según los patrones locales y ajustados después con el resultado del cultivo. En una cistitis simple pueden bastar unos pocos días de tratamiento por vía oral. En una pielonefritis el tratamiento es más prolongado, y en lactantes pequeños o niños con mal estado general se inicia por vía intravenosa en el hospital.

Un error muy frecuente es suspender el antibiótico apenas desaparece la fiebre. Los síntomas mejoran mucho antes de que la infección esté erradicada, y detener el tratamiento a los dos días es una invitación a la recaída y a la resistencia bacteriana. El esquema se completa siempre, hasta el último día indicado.

También conviene asegurar una buena hidratación durante el episodio y controlar la fiebre con acetaminofén según el peso del niño. La mejoría clínica suele notarse en las primeras cuarenta y ocho horas. Si la fiebre persiste después de ese tiempo, hay que regresar a consulta, porque puede indicar que el antibiótico no es el adecuado o que existe una complicación.

Después del episodio se recomienda seguimiento. En niños con infecciones repetidas se estudian las causas y en algunos casos se indica profilaxis con antibiótico en dosis bajas durante un tiempo definido, siempre bajo control médico.

¿Qué puede hacer usted desde hoy para prevenirlas?

La medida más simple y más efectiva es la hidratación. Un niño que toma suficiente agua orina con frecuencia y arrastra las bacterias antes de que se instalen. Ofrézcale agua a lo largo del día, no solo en las comidas, y más aún en el clima caluroso de nuestro país.

Enséñele a no aguantar las ganas. Muchos niños aguantan toda la jornada escolar porque el baño no les da confianza o porque no les dan permiso. La orina que permanece horas en la vejiga es terreno fértil para las bacterias. Hable con la escuela si hace falta.

Cuide la técnica de aseo. En las niñas, limpiar siempre de adelante hacia atrás, tanto ellas mismas cuando ya lo hacen solas como quien les cambia el pañal. Evite los baños de espuma y los jabones perfumados en la zona genital, y prefiera la ropa interior de algodón en lugar de prendas muy ajustadas.

Y trate el estreñimiento, que es una causa oculta y muy frecuente de infecciones urinarias repetidas. Un recto lleno presiona la vejiga e impide que se vacíe por completo. Muchos niños con infecciones recurrentes dejan de tenerlas cuando se les resuelve el estreñimiento. Ante fiebre sin causa clara, no lo deje pasar: pida el examen de orina.

Su compromiso de hoy

Esta semana puede dar estos pasos concretos:

  • Ofrezca agua a su hijo varias veces al día, no solo durante las comidas.
  • Enséñele a ir al baño cuando siente ganas y hable con la escuela si no le dan permiso.
  • Refuerce la técnica de aseo de adelante hacia atrás y use ropa interior de algodón.
  • Si su hijo tiene estreñimiento, trátelo, porque favorece las infecciones urinarias repetidas.
  • Ante fiebre sin causa clara en un menor de dos años, solicite examen de orina antes de iniciar cualquier antibiótico.

Recuerde: los riñones de un niño no avisan cuando se dañan. Detectar y tratar bien una infección urinaria protege su salud por décadas.

Referencias

  • American Academy of Pediatrics. (2023). Urinary tract infections in infants and children. HealthyChildren.org. https://www.healthychildren.org/English/health-issues/conditions/genitourinary-tract/Pages/Urinary-Tract-Infections-in-Infants-Children.aspx
  • MedlinePlus. (s. f.). Infección urinaria en niños. Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000505.htm
  • National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. (2023). Urinary tract infections in children. NIDDK. https://www.niddk.nih.gov/health-information/urologic-diseases/urinary-tract-infections-in-children
  • Organización Panamericana de la Salud. (2023). Resistencia a los antimicrobianos. OPS/OMS. https://www.paho.org/es/temas/resistencia-antimicrobianos
  • Richardson, B. (Ed.). (2020). Pediatric primary care: Practice guidelines for nurses (4.ª ed.). Jones & Bartlett Learning.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio