
PUNTOS CLAVE
- En la enfermedad renal, la proteína debe consumirse en la cantidad justa.
- Comer muy poca proteína puede llevar a la desnutrición y a perder músculo.
- La calidad de la proteína y el aporte de energía también son importantes.
- La desnutrición debilita, aumenta el riesgo y empeora el pronóstico.
- Un nutricionista puede diseñar un plan que cuide sus riñones sin descuidar su cuerpo.
La pérdida de peso o de apetito no debe ignorarse; la desnutrición es tan peligrosa como otras complicaciones.
En la enfermedad renal circula mucha información sobre la proteína, y no siempre es clara. Algunas personas escuchan que deben comer menos proteína y lo llevan al extremo, dejando de nutrirse bien. Otras no saben cuánto comer y quedan en la incertidumbre. Ambas situaciones tienen riesgos.
La verdad es que la proteína en la enfermedad renal es una cuestión de equilibrio. Ni tanta que sobrecargue los riñones, ni tan poca que lleve a la desnutrición y a la pérdida de músculo. Encontrar ese punto justo es clave para su salud.
En este artículo le explicamos por qué la proteína importa tanto, cómo evitar la desnutrición, qué papel juegan la calidad de los alimentos y la energía, y por qué el consejo de un nutricionista es tan valioso en el cuidado de sus riñones.
¿Por qué la proteína es un tema tan importante?
La proteína es esencial para el cuerpo. Forma los músculos, participa en la defensa contra infecciones y en la reparación de tejidos. Sin suficiente proteína, el cuerpo se debilita y pierde capacidad de recuperarse.
Al mismo tiempo, procesar la proteína genera desechos que los riñones deben eliminar. Cuando la función renal está reducida, un exceso de proteína obliga a los riñones a trabajar de más y puede acelerar el daño.
De ahí el equilibrio. Se busca aportar la proteína necesaria para mantener el cuerpo fuerte, sin sobrecargar unos riñones que ya trabajan limitados. Ni carencia ni exceso.
Este equilibrio cambia según la etapa de la enfermedad y según si la persona está o no en diálisis, ya que las necesidades son distintas en cada situación.
Por eso la proteína no debe manejarse con reglas generales ni con lo que le funcionó a otra persona, sino con un plan adaptado a su caso particular.
El peligro de comer muy poca proteína
Por miedo a dañar los riñones, algunas personas reducen la proteína de forma drástica y sin control. Esto puede tener un efecto contrario al deseado, porque lleva a la desnutrición y a la pérdida de músculo.
La desnutrición en la enfermedad renal es un problema serio. Debilita el cuerpo, reduce las defensas, favorece infecciones y empeora el pronóstico general. A veces es tan peligrosa como el exceso que se quería evitar.
La pérdida de músculo trae menos fuerza, más cansancio, más riesgo de caídas y mayor dificultad para las actividades diarias. En las personas mayores, esto afecta mucho la independencia.
Señales como la pérdida de peso sin proponérselo, la falta de apetito, la debilidad creciente o la ropa que empieza a quedar grande no deben ignorarse. Son alertas de posible desnutrición.
Por eso reducir la proteína nunca debe hacerse por cuenta propia ni al extremo. La meta es la cantidad justa, definida con un profesional, no la mínima posible.
Conviene desterrar la idea de que menos siempre es mejor cuando se trata de proteína. En la enfermedad renal, el exceso es un problema, pero la carencia también, y a veces esta última pasa más desapercibida hasta que el daño ya está hecho.
Por eso, cualquier cambio importante en la cantidad de proteína debe hacerse con acompañamiento profesional y con controles. Así se protege el equilibrio entre cuidar los riñones y mantener el cuerpo fuerte.
Recuerde que su fuerza, sus defensas y su capacidad de recuperarse dependen de una buena nutrición. Cuidar la proteína en su justa medida es cuidar todo eso a la vez.
Video relacionado
Calidad de la proteína y energía suficiente
No solo importa cuánta proteína se come, sino su calidad. Las proteínas de buena calidad aportan lo que el cuerpo necesita de forma más eficiente, lo que permite cubrir los requerimientos con menos carga para los riñones.
Su nutricionista le indicará qué fuentes y porciones son adecuadas para su caso. La idea es aprovechar bien cada porción, combinando alimentos según lo que su etapa permita.
Igual de importante es consumir suficiente energía, es decir, suficientes calorías. Si el cuerpo no recibe energía de otras fuentes, empieza a usar sus propios músculos, lo que agrava la pérdida de proteína.
Por eso el plan renal cuida que la persona coma lo suficiente en general, no solo que controle la proteína. Comer poco de todo es tan riesgoso como comer mal.
Este equilibrio entre proteína, energía y el resto de nutrientes es lo que hace que la alimentación renal deba ser diseñada con cuidado y de forma individual.
Adaptar la alimentación a cada etapa
Las necesidades de proteína cambian a lo largo de la enfermedad. En etapas sin diálisis, muchas veces se busca moderar la proteína para proteger los riñones, siempre sin llegar a la desnutrición.
En diálisis, en cambio, las necesidades de proteína suelen aumentar, porque el tratamiento hace que se pierda parte de ella. Por eso un mismo consejo no sirve para todas las etapas.
También influyen otras condiciones, como la diabetes, el estado nutricional de la persona y la presencia de otras complicaciones. Todo esto se toma en cuenta al armar el plan.
Por eso es tan importante revisar la alimentación de forma periódica, no dejarla fija para siempre. Lo adecuado en un momento puede cambiar más adelante.
El acompañamiento continuo permite ajustar el plan conforme evoluciona la enfermedad, manteniendo el equilibrio en cada etapa.
Un buen momento para revisar la alimentación es cuando cambia su etapa o su tratamiento, por ejemplo al iniciar diálisis. En esos puntos, las necesidades suelen modificarse, y ajustar el plan a tiempo evita problemas.
También conviene revisarlo si nota cambios en su peso, su apetito o su fuerza. Estos son señales de que quizá el plan necesita adaptarse a su situación actual.
La alimentación renal no es una regla fija para siempre, sino un plan vivo que acompaña su evolución. Verlo así ayuda a mantenerlo útil y realista en cada momento.
¿Qué puede hacer usted desde hoy?
No reduzca la proteína por su cuenta ni al extremo. Si le preocupa, converse con su médico o nutricionista sobre la cantidad adecuada para su etapa, en lugar de decidir a ciegas.
Vigile su peso y su apetito. Si nota que baja de peso sin proponérselo, que come cada vez menos o que se siente más débil, coménteselo a su equipo de salud sin demora.
Procure comer lo suficiente en general, no solo cuidar un nutriente. Un cuerpo bien alimentado enfrenta mejor la enfermedad y sus tratamientos.
Si es posible, pida una cita con un nutricionista especializado. Un plan personalizado es la mejor herramienta para comer bien sin dañar sus riñones ni caer en la desnutrición.
Y apóyese en su familia para preparar comidas adecuadas y sostener los cambios. Comer bien es más fácil cuando se hace en compañía y con buena información.
Recuerde también que pequeños ajustes sostenidos valen más que dietas estrictas imposibles de mantener. La constancia razonable, y no la perfección, es la que protege sus riñones y su fuerza a largo plazo.
El equilibrio como meta
La nutrición en la enfermedad renal no se trata de prohibir, sino de equilibrar. Ese cambio de mirada ayuda a vivir la alimentación con menos miedo y más control.
Comer bien protege sus riñones, mantiene su fuerza y mejora su calidad de vida. Es una de las herramientas más poderosas y, a la vez, más agradables del tratamiento.
El objetivo no es una dieta perfecta e imposible, sino una alimentación equilibrada y sostenible que pueda mantener en el tiempo. La constancia vale más que la rigidez.
Con la orientación adecuada, es posible disfrutar de la comida, incluso de la comida salvadoreña, mientras se cuidan los riñones. No hay que renunciar al placer de comer.
En El Salvador puede acudir a las unidades de salud del sistema público o a los centros del seguro social y pedir orientación nutricional. Encontrar su equilibrio es cuidar todo su cuerpo a la vez.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- No reduzca la proteína por su cuenta; consulte la cantidad adecuada para su etapa.
- Vigile su peso y su apetito y reporte cualquier pérdida a su equipo de salud.
- Procure comer suficiente energía para no perder músculo.
- Pida, si es posible, una cita con un nutricionista para un plan personalizado.
Recuerde: la meta no es comer lo mínimo, sino lo justo, para proteger sus riñones y su fuerza.
Referencias
- Arıcı, M. (Ed.). (2023). Management of chronic kidney disease: A clinician’s guide (2.ª ed.). Springer Nature.
- Kidney Disease: Improving Global Outcomes (KDIGO). (2024). KDIGO 2024 clinical practice guideline for the evaluation and management of chronic kidney disease. Kidney International, 105(4S), S117 a S314.
- Ikizler, T. A., Burrowes, J. D., Byham-Gray, L. D., et al. (2020). KDOQI clinical practice guideline for nutrition in CKD: 2020 update. American Journal of Kidney Diseases, 76(3, Supl. 1), S1 a S107.
- MedlinePlus. (2024). Dieta y nutrición en la enfermedad renal. Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.
- National Kidney Foundation. (2023). Protein and chronic kidney disease. National Kidney Foundation.
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
¿Tienes dudas sobre este tema?
Únete a nuestro canal de WhatsApp y recibe contenido de salud confiable directamente en tu celular.
Unirme al canal de WhatsApp →



