
PUNTOS CLAVE
- La enfermedad renal crónica se divide en cinco etapas, de la G1 a la G5, según cuánto filtran los riñones.
- El filtrado glomerular es como un puntaje que indica la capacidad de limpieza de sus riñones.
- En las primeras etapas casi no hay síntomas, pero es cuando más se puede lograr con el cuidado.
- La etapa también toma en cuenta la cantidad de albúmina que se pierde en la orina.
- Conocer su etapa le ayuda a entender su tratamiento y a poner metas realistas con su médico.
Estar en una etapa temprana es una gran oportunidad, no una condena. Ahí es donde su esfuerzo rinde más.
Cuando a una persona le dicen que tiene enfermedad renal crónica, una de las primeras dudas que surge es qué tan grave está. La respuesta suele venir en forma de una etapa o estadio, acompañada de un número y una letra que a veces suenan confusos. Entender ese lenguaje le devuelve el control de la situación.
Saber en qué etapa se encuentra no es motivo para alarmarse, sino para orientarse. Cada etapa tiene un plan de acción distinto, y en todas hay algo valioso que usted puede hacer para proteger sus riñones.
En este artículo le explicamos, con palabras del día a día, qué son las etapas de la enfermedad renal, qué mide cada una y por qué conocer la suya cambia la forma en que enfrenta el tratamiento.
¿Qué es el filtrado glomerular y por qué determina su etapa?
El filtrado glomerular, que en los exámenes aparece como TFG o eGFR, es una estimación de cuánta sangre logran limpiar sus riñones en un minuto. Piense en él como un puntaje de rendimiento. Mientras más alto es el número, mejor está funcionando el filtro.
Este valor se calcula a partir de la creatinina, una sustancia que se mide en la sangre, junto con su edad y su sexo. No requiere una prueba complicada, basta con un examen de sangre común.
Un filtrado cercano a noventa o más se considera normal. A medida que baja, indica que los riñones filtran menos. Ese descenso es el que permite ubicar a la persona en una etapa u otra de la enfermedad.
Conocer su filtrado glomerular es como tener el marcador de un partido. No lo juega por usted, pero le dice con claridad dónde está y cuánto puede mejorar con las decisiones correctas.
Conviene aclarar que el filtrado es una estimación y no una medida exacta al detalle. Puede variar un poco de un examen a otro según la hidratación, la alimentación reciente o la cantidad de músculo de la persona. Por esa razón, su médico se fija en la tendencia de varios resultados a lo largo del tiempo y nunca decide con un solo número aislado.
Esa mirada de conjunto es la que realmente importa. Un valor suelto puede asustar o dar una falsa tranquilidad, mientras que la línea de varios exámenes muestra la verdadera dirección de sus riñones. Por eso guardar y comparar sus filtrados en el tiempo es una costumbre que vale oro para cuidar su salud.
Las cinco etapas, una por una
En la etapa uno, el filtrado es normal, pero ya hay alguna señal de daño, como albúmina en la orina. En la etapa dos, la capacidad de filtrado está levemente reducida. En ambas, la persona suele sentirse bien y muchas veces ni sabe que tiene la condición.
La etapa tres es un punto de atención. Aquí el filtrado ha bajado de forma moderada y suele dividirse en dos partes, la 3a y la 3b. Es el momento en que conviene reforzar el control y, con frecuencia, iniciar seguimiento con un especialista de los riñones.
En la etapa cuatro, la función está muy reducida y el equipo de salud empieza a preparar a la persona para los tratamientos que podrían necesitarse más adelante. En la etapa cinco, los riñones ya no filtran lo suficiente y se evalúan opciones como la diálisis o el trasplante.
Ver estas etapas en orden puede impresionar, pero recuerde algo importante. Muchas personas se mantienen estables en una misma etapa por años cuando cuidan su salud. El objetivo no es solo saber en qué etapa está, sino evitar avanzar a la siguiente.
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¿Por qué también importa la albúmina en la orina?
La etapa de la enfermedad no depende solo del filtrado. Los médicos también miran cuánta albúmina, una proteína, se escapa por la orina. Cuando el filtro del riñón está sano, retiene esa proteína. Cuando está dañado, la deja pasar.
Por eso la clasificación combina dos datos, el filtrado glomerular y la cantidad de albúmina. Una persona puede tener un filtrado aceptable, pero perder mucha proteína, y eso también indica riesgo. Ambos datos juntos dan una fotografía más completa.
La albúmina se mide con una prueba de orina sencilla y es una de las señales más tempranas de daño renal. Detectarla a tiempo permite actuar cuando todavía se puede proteger mucha función.
Si en sus resultados aparece albúmina o proteína en la orina, no lo tome como una mala noticia sin más. Tómelo como una alerta útil que le da la oportunidad de intervenir temprano.
Además, la albúmina no solo señala que hay daño, también sirve para medir si el tratamiento está funcionando. Cuando su cantidad baja gracias a los medicamentos y a los cambios de hábito, es una prueba concreta de que sus riñones están mejor protegidos. Por eso su médico la vuelve a medir una y otra vez, comparando cada resultado con los anteriores.
No se alarme tampoco por la palabra proteína en la orina. Detectarla es, en el fondo, una ventaja, porque le da a usted y a su equipo de salud la posibilidad de actuar temprano, cuando todavía se puede proteger mucha función renal. Es información valiosa que juega a su favor.
¿Qué se puede hacer en cada etapa?
En las etapas tempranas, el foco está en controlar las causas, sobre todo la diabetes y la presión alta, y en adoptar hábitos que protejan los riñones. Este es el momento de mayor oportunidad, porque el esfuerzo se traduce en años de función conservada.
En las etapas intermedias, se suman medicamentos que ayudan a proteger el riñón y a controlar complicaciones como la anemia o los problemas de los huesos. También se cuida más la alimentación, en especial la sal, el potasio y el fósforo, siempre con orientación profesional.
En las etapas avanzadas, el equipo de salud conversa con la persona sobre las opciones de tratamiento para cuando la función sea muy baja, y prepara con tiempo lo necesario. Planificar con calma siempre es mejor que decidir con prisa.
En todas las etapas hay algo en común. Su participación cuenta. Tomar los medicamentos, asistir a los controles y seguir las indicaciones de alimentación son las herramientas que más influyen en el rumbo de la enfermedad.
¿Se puede volver a una etapa mejor?
Es una pregunta muy común y merece una respuesta honesta. El daño ya establecido en los riñones no suele revertirse por completo, así que no siempre se regresa a una etapa anterior. Sin embargo, eso no significa que no haya nada que hacer.
Con buen control, el filtrado puede estabilizarse e incluso mejorar un poco, sobre todo si el descenso se debió a algo tratable, como una descompensación de la presión o el uso de medicamentos que dañaban el riñón. Corregir esas causas ayuda.
Lo más realista y lo más valioso es frenar el avance. Mantenerse en la misma etapa durante años ya es un gran logro, porque significa que sus riñones conservan su capacidad de trabajo.
Por eso vale la pena poner metas claras junto a su médico. La meta no siempre es subir de etapa, sino no bajar. Y esa meta está, en buena parte, en sus manos.
¿Qué puede hacer usted desde hoy con esta información?
Lo primero es conocer su etapa. Pregunte a su médico cuál es su filtrado glomerular y si hay albúmina en su orina. Anote esos números y guárdelos, porque compararlos en el tiempo le mostrará si su tratamiento está funcionando.
Lo segundo es entender su plan. Cada etapa trae recomendaciones distintas sobre medicamentos, alimentación y controles. Si algo no le queda claro, pregunte hasta entenderlo. Un paciente informado cuida mejor su salud.
Lo tercero es la constancia. Los resultados en la enfermedad renal se construyen día a día, con cada toma de medicamento y cada control cumplido. No hay atajos, pero tampoco hace falta perfección, solo compromiso sostenido.
Conocer su etapa no lo define como persona. Es apenas un punto de partida. Lo que usted haga a partir de hoy es lo que realmente escribe el resto de la historia.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Pregunte a su médico cuál es su filtrado glomerular actual y anótelo.
- Averigüe si en sus exámenes hay albúmina o proteína en la orina.
- Guarde sus resultados en una carpeta para comparar su evolución en el tiempo.
- Pida que le expliquen qué recomendaciones corresponden a su etapa.
Recuerde: conocer su etapa le da el poder de actuar a tiempo y de proteger la función que aún conserva.
Referencias
- Arıcı, M. (Ed.). (2023). Management of chronic kidney disease: A clinician’s guide (2.ª ed.). Springer Nature.
- Kidney Disease: Improving Global Outcomes (KDIGO). (2024). KDIGO 2024 clinical practice guideline for the evaluation and management of chronic kidney disease. Kidney International, 105(4S), S117 a S314.
- MedlinePlus. (2024). Etapas de la enfermedad renal crónica. Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.
- National Kidney Foundation. (2023). Estimated glomerular filtration rate (eGFR). National Kidney Foundation.
- Organización Panamericana de la Salud. (2023). Prevención y control de la enfermedad renal crónica. OPS/OMS.
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
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