
PUNTOS CLAVE
- La memoria es mucho más que recordar datos: involucra razonar, comparar y sacar conclusiones.
- La atención y la memoria están profundamente relacionadas; trabajar una sin la otra limita los resultados.
- El cerebro responde al entrenamiento a cualquier edad, incluso cuando ya existe deterioro cognitivo.
- Los ejercicios cognitivos no curan la demencia, pero pueden retrasar su avance y mejorar la calidad de vida.
- La constancia es la clave: unos minutos diarios de actividad mental valen más que sesiones largas y espaciadas.
- Consulte con su médico o un neuropsicólogo para adaptar los ejercicios a su situación personal.
Si usted o un familiar han recibido un diagnóstico de deterioro cognitivo o demencia, los ejercicios mencionados en este artículo son un complemento al tratamiento médico, no un reemplazo.
¿Alguna vez ha olvidado dónde dejó las llaves, el nombre de una persona conocida o qué iba a buscar en la cocina? Estos olvidos ocasionales son parte natural del envejecimiento, pero cuando se vuelven frecuentes o afectan las actividades cotidianas, el cerebro puede estar pidiendo atención. En El Salvador, cada vez más familias conviven con algún adulto mayor que enfrenta cambios en su memoria, y la pregunta que más escuchan los especialistas es: ¿hay algo que podamos hacer además de los medicamentos?
La respuesta, afortunadamente, es sí. Durante décadas, la ciencia ha documentado que el cerebro posee una capacidad notable para adaptarse y reorganizarse, y que los ejercicios de estimulación cognitiva, es decir, las actividades diseñadas para trabajar la memoria, la atención, el razonamiento y otras funciones mentales, pueden marcar una diferencia real en la vida de quienes tienen demencia o están en riesgo de desarrollarla.
En este artículo encontrará información clara y práctica sobre qué son los ejercicios cognitivos, por qué funcionan, qué tipos de actividades puede incorporar en su rutina diaria y cómo comenzar hoy mismo. Porque cuidar el cerebro no requiere equipos costosos ni conocimientos especializados: requiere constancia, curiosidad y el deseo de vivir bien.
¿Qué significa realmente entrenar la memoria?
Cuando la mayoría de personas escucha la palabra memoria, imagina un archivo donde se guardan y recuperan datos, como el nombre de un familiar o la dirección de su casa. Pero la memoria es un sistema mucho más complejo y fascinante. Gracias a ella, somos capaces de comparar situaciones, razonar ante un problema, anticipar consecuencias y tomar decisiones. La memoria no solo guarda el pasado: también construye el presente y proyecta el futuro.
Esto tiene una implicación importante: cuando hablamos de ejercitar la memoria, no nos referimos únicamente a recordar listas de palabras o repetir números. Nos referimos a activar todo ese sistema de funciones superiores que incluye la concentración, la velocidad de procesamiento, la flexibilidad mental y la capacidad de resolver problemas. Un ejercicio bien diseñado puede trabajar varias de estas funciones al mismo tiempo.
En personas con demencia temprana o deterioro cognitivo leve, el entrenamiento cognitivo busca mantener activas las conexiones neuronales que aún funcionan, ayudar al cerebro a encontrar rutas alternativas cuando algunas vías se dañan y conservar por más tiempo las habilidades necesarias para la vida diaria. No es un milagro, pero sí es una herramienta poderosa cuando se usa con regularidad y con orientación profesional.
La atención: la puerta de entrada de toda la información
Existe una función cognitiva sin la cual ningún ejercicio de memoria puede tener resultado: la atención. Imagine que su cerebro es una sala de recepción: la atención es la puerta. Si la puerta está cerrada o entreabierta, poca información logra entrar, y lo que no entra no puede recordarse después. Por eso, los expertos en neuropsicología insisten en que no es posible trabajar la memoria de manera eficaz sin entrenar también la atención.
En la vida diaria, la atención se ve afectada por muchos factores: el cansancio, la ansiedad, los problemas del sueño, la soledad y por supuesto los cambios propios de la demencia. Una persona que no logra concentrarse en lo que está leyendo, que pierde el hilo de una conversación o que no puede terminar una tarea sencilla, está experimentando una falla en la atención antes de que el olvido aparezca.
Fortalecer la atención implica practicar actividades que exijan enfoque sostenido: seguir instrucciones paso a paso, buscar diferencias entre dos imágenes, contar objetos de un mismo tipo en una lámina o completar series lógicas. Estas tareas, que parecen simples, son un entrenamiento genuino para el cerebro. Lo que cambia entre niveles de dificultad no es el concepto, sino la exigencia: se puede empezar con ejercicios sencillos y avanzar gradualmente a medida que la persona gana confianza y habilidad.
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¿Qué tipos de ejercicios cognitivos existen y cuáles son más útiles?
La estimulación cognitiva no se limita a un solo tipo de actividad. Existe una variedad amplia de ejercicios, cada uno con un énfasis distinto, y la recomendación general es combinarlos para trabajar distintas funciones al mismo tiempo. Entre los más utilizados y respaldados por la evidencia se encuentran los siguientes grupos principales.
Los ejercicios de memoria directa son los más conocidos: observar imágenes u objetos durante un tiempo determinado y luego intentar recordarlos, memorizar listas de palabras o datos breves, leer un texto y reproducir sus ideas principales. Estas actividades activan la memoria a corto y largo plazo, y generan un beneficio adicional: estimulan la confianza de la persona cuando logra recordar más de lo que esperaba.
Los ejercicios de atención y percepción visual incluyen buscar figuras iguales en una lámina, encontrar diferencias entre dos dibujos, localizar una letra o número específico entre muchos o seguir patrones visuales. Son especialmente útiles porque exigen que la persona dirija y mantenga el foco de manera activa. Los ejercicios de razonamiento y lenguaje, como ordenar frases desordenadas, completar series numéricas, identificar el elemento que no pertenece a un grupo o realizar cálculos mentales sencillos, trabajan la flexibilidad del pensamiento y la capacidad de resolver problemas. Finalmente, las actividades manuales con componente cognitivo, como colorear mandalas, armar rompecabezas o copiar un dibujo, integran la concentración con la coordinación motora fina y tienen un efecto relajante adicional que reduce el estrés.
¿Cuánto tiempo y con qué frecuencia debe practicarlos?
Una de las preguntas que más hacen los familiares de personas con demencia es cuánto tiempo deben dedicar a estas actividades. La respuesta que da la mayoría de especialistas es tranquilizadora: más que la duración, lo que importa es la constancia. Sesiones cortas y frecuentes son más beneficiosas que sesiones largas y esporádicas.
Para la mayoría de adultos mayores con deterioro cognitivo leve o demencia en etapa temprana, se recomienda entre 20 y 30 minutos de estimulación cognitiva al día, distribuidos en uno o dos bloques según la tolerancia de la persona. Lo ideal es que estas sesiones se realicen en un momento del día en que el adulto mayor esté descansado y de buen humor, generalmente en la mañana o a media mañana, evitando los momentos de cansancio o agitación.
Es importante recordar que el objetivo no es que la persona rinda bien en los ejercicios, sino que disfrute del proceso. Si un ejercicio genera frustración o angustia, hay que cambiarlo por otro más sencillo sin generar presión. El éxito se mide en términos de bienestar y participación activa, no en cantidad de respuestas correctas. El cuidador o familiar que acompaña la sesión puede convertir este tiempo en un momento de conexión afectiva, lo que multiplica los beneficios emocionales de la actividad.
El cerebro responde a la estimulación: esto es lo que dice la ciencia
Durante muchos años se creyó que el cerebro adulto era una estructura fija, incapaz de cambiar una vez formada. Hoy sabemos que eso es incorrecto. El cerebro posee lo que los neurocientíficos llaman neuroplasticidad, es decir, la capacidad de reorganizarse, de crear nuevas conexiones entre las neuronas y de compensar el daño en ciertas áreas mediante el desarrollo de vías alternativas. Esta capacidad existe a cualquier edad, aunque su intensidad disminuye con el tiempo y con el avance de la enfermedad.
Los estudios sobre estimulación cognitiva en personas con demencia muestran resultados consistentes: la intervención regular con ejercicios estructurados mejora o mantiene el rendimiento en pruebas de memoria y atención, reduce la velocidad con que avanza el deterioro, mejora el estado de ánimo, disminuye conductas problemáticas como la agitación y la apatía, y contribuye a la sensación de autonomía y dignidad de la persona. Algunos estudios también han documentado mejoras en la calidad del sueño y en la capacidad de realizar actividades de la vida diaria.
Es fundamental aclarar que los ejercicios cognitivos no curan la demencia ni revierten el daño neurológico ya ocurrido. Su función es aprovechar al máximo las capacidades que aún existen, crear reservas cognitivas que puedan compensar el deterioro y mejorar la calidad de vida de la persona y su familia. Eso, en sí mismo, es un objetivo extraordinariamente valioso.
Cómo comenzar en casa sin equipo especializado
La buena noticia para las familias salvadoreñas es que no se necesita acudir a una clínica especializada ni comprar materiales costosos para empezar a estimular cognitivamente a su familiar. Muchas de las actividades más efectivas pueden realizarse con papel, lápiz y la atención de alguien que acompañe el proceso.
Algunos puntos de partida sencillos incluyen: mostrar fotografías familiares y conversar sobre las personas que aparecen en ellas, trabajando la memoria autobiográfica; pedir a la persona que nombre todos los objetos de una categoría que recuerde (animales, frutas, nombres de personas) en un minuto, lo que ejercita la memoria semántica y la fluidez verbal; hacer preguntas sobre una historia corta leída en voz alta, entrenando la comprensión y la memoria inmediata; y resolver series numéricas o de letras simples, que trabajan la lógica y la atención.
Para quienes deseen materiales más estructurados, existen cuadernos de ejercicios cognitivos diseñados específicamente para adultos mayores, con diferentes niveles de dificultad que van desde actividades básicas hasta retos más exigentes. Un neuropsicólogo o terapeuta ocupacional puede orientar a la familia sobre qué nivel es el más adecuado según el estado de la persona. Si su familiar recibe atención en el ISSS u otro centro de salud, pregunte si tienen programa de estimulación cognitiva disponible: muchas veces existen recursos que las familias desconocen.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Esta semana, dedique 15 minutos al día a realizar con su familiar una actividad cognitiva sencilla: nombrar objetos, recordar fotografías o escuchar y resumir una historia corta.
- Identifique el momento del día en que su familiar está más alerta y de mejor humor, y reserve ese horario para la estimulación cognitiva.
- Establezca un ambiente tranquilo y sin distracciones durante los ejercicios: apague el televisor, reduzca el ruido y asegúrese de que la persona esté cómoda y descansada.
- Celebre cada logro, por pequeño que sea. Un recuerdo recuperado, una serie completada o un ejercicio terminado merecen reconocimiento y aliento.
- Consulte con el médico tratante o un neuropsicólogo sobre programas de estimulación cognitiva disponibles en su área o en el centro de salud donde su familiar recibe atención.
Recuerde: el cerebro que se usa, se cuida. Cada ejercicio es un paso hacía una vida más plena.
Referencias
- Herrero Polo, M. A. (2018). Atención y memoria: Cuaderno de trabajo para personas mayores, Nivel 2. Editorial CEPE.
- Herrero Polo, M. A. (2018). Atención y memoria: Cuaderno de trabajo para personas mayores, Nivel 3. Editorial CEPE.
- Ione, A. (2024). Dementia grief therapy: A guide for health professionals. Springer Nature Switzerland AG.
- Livingston, G., Huntley, J., Sommerlad, A., Ames, D., Ballard, C., Banerjee, S., Brayne, C., Burns, A., Cohen-Mansfield, J., Cooper, C., Costafreda, S. G., Días, A., Fox, N., Gitlin, L. N., Howard, R., Kales, H. C., Kivimaki, M., Larson, E. B., Ogunniyi, A., … Mukadam, N. (2020). Dementia prevention, intervention, and care: 2020 report of the Lancet Commission. The Lancet, 396(10248), 413-446. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30367-6
- Orgeta, V., Qazi, A., Spector, A., & Orrell, M. (2015). Psychological treatments for depression and anxiety in dementia and mild cognitive impairment. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2015(1). https://doi.org/10.1002/14651858.CD009125.pub2
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
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