Resiliencia en personas mayores

PUNTOS CLAVE

  • La resiliencia es la capacidad de adaptarse positivamente ante las dificultades, y no disminuye con la edad como muchos creen.
  • Estudios muestran que los adultos mayores suelen tener igual o mayor resiliencia emocional que los adultos jóvenes.
  • La resiliencia se construye en tres áreas: la mente, el cuerpo y las relaciones sociales, y todas se pueden fortalecer.
  • Una mayor resiliencia se relaciona con menos depresión, mejor envejecimiento y una vida más larga.
  • Hábitos como mantenerse activo, cultivar relaciones y mantener una actitud optimista fortalecen la resiliencia a cualquier edad.

¿Sabía usted que muchas personas mayores que han enfrentado guerras, crisis económicas, pérdidas de seres queridos y enfermedades graves, terminan mostrando una fortaleza emocional incluso mayor que la de personas más jóvenes? Existe la idea errónea de que la vejez vuelve a las personas más frágiles y vulnerables ante cualquier dificultad, pero la ciencia ha encontrado algo distinto y esperanzador. La experiencia acumulada durante toda una vida puede convertirse en una verdadera fortaleza llamada resiliencia, la capacidad de adaptarse y salir adelante ante la adversidad. Hoy le explicamos qué es la resiliencia, por qué muchos adultos mayores la tienen muy desarrollada, y qué puede hacer su familia para fortalecerla todavía más en quienes usted ama.

¿Qué es la resiliencia y por qué cambia la forma de ver el envejecimiento?

La palabra resiliencia proviene de un verbo en latín que significa rebotar o recuperarse, y en el contexto de la salud emocional se entiende como la capacidad de una persona para adaptarse de forma positiva ante situaciones difíciles, recuperarse de ellas y seguir adelante. Aplicada a la vejez, la resiliencia se define como la habilidad que permite a los adultos mayores responder de manera positiva cuando enfrentan adversidades, ya sea la pérdida de un ser querido, una enfermedad, una limitación física nueva o un cambio importante en su vida diaria.

Durante mucho tiempo, este concepto se estudió principalmente en niños, pero en las últimas décadas ha cobrado fuerza también en la investigación sobre el envejecimiento, especialmente después de la pandemia, cuando se observó cómo muchas personas mayores, a pesar de ser un grupo de alto riesgo, mostraron una capacidad notable para adaptarse, encontrar nuevas formas de mantenerse conectadas y sobrellevar el aislamiento con una fortaleza que sorprendió a muchos investigadores.

Este hallazgo desafía directamente el estereotipo de que las personas mayores son simplemente vulnerables y carentes de recursos para enfrentar dificultades. Por el contrario, la evidencia sugiere que la resiliencia se construye con el tiempo, a través de las experiencias vividas, las lecciones aprendidas y la sabiduría acumulada, lo cual coloca a muchos adultos mayores en una posición de fortaleza emocional que merece ser reconocida y valorada por sus familias.

¿Realmente son los adultos mayores más resilientes que los jóvenes?

La evidencia científica respalda esta idea de forma sorprendente. Estudios que han comparado directamente a personas mayores de sesenta y cinco años con adultos jóvenes menores de veintiséis años, encontraron que el grupo de mayor edad mostraba niveles más altos de resiliencia, particularmente en su capacidad para regular sus emociones y resolver problemas de forma calmada y efectiva. Esto sugiere que, contrario a la creencia popular, la edad no debilita necesariamente la capacidad de afrontar la adversidad, sino que en muchos casos la fortalece.

Las habilidades de afrontamiento, la experiencia acumulada y la sabiduría que se desarrolla a lo largo de toda una vida parecen actuar como una protección emocional que brinda estabilidad en momentos de crisis. Esto no significa que los adultos mayores no necesiten apoyo, ya que el deterioro físico y cognitivo propio de la edad puede representar retos reales, pero sí indica que cuentan con recursos internos valiosos que muchas veces no se reconocen ni se aprovechan adecuadamente dentro de la familia.

Una mayor resiliencia se ha relacionado de forma consistente con resultados positivos en la vejez, incluyendo un envejecimiento más saludable, menores niveles de depresión y una mayor longevidad. Esto convierte a la resiliencia en algo más que una cualidad admirable, se trata de un verdadero factor de protección para la salud física y mental que vale la pena cultivar de forma activa. Para las familias salvadoreñas, esto significa que apoyar y reconocer la fortaleza emocional de un padre, una madre o un abuelo no es solamente un gesto de cariño, sino una inversión concreta en su salud futura.

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¿En qué áreas se construye la resiliencia?

Los expertos suelen dividir la resiliencia en tres áreas que están profundamente conectadas entre sí, la resiliencia cognitiva, la física y la psicosocial, de manera que una dificultad en una de estas áreas puede afectar a las otras dos. La resiliencia cognitiva se refiere a la capacidad del cerebro para mantener un buen funcionamiento mental a pesar de los retos propios del envejecimiento o de alguna enfermedad. Algunas personas, gracias a su educación, su nivel de actividad mental a lo largo de la vida y sus hábitos saludables, logran mantener un pensamiento claro y una buena memoria durante más tiempo, incluso si presentan ciertos cambios típicos del cerebro que envejece.

La resiliencia física se relaciona con la capacidad del cuerpo para recuperarse de enfermedades, cirugías o lesiones, y está estrechamente vinculada con la fuerza muscular, la nutrición adecuada y el nivel de actividad física que mantiene la persona. Por su parte, la resiliencia psicosocial abarca la capacidad emocional para sobrellevar pérdidas, cambios y dificultades, apoyándose en relaciones familiares y sociales sólidas, en una actitud optimista ante la vida y en la sensación de tener un propósito o un sentido en el día a día.

Lo interesante de estas tres áreas es que se refuerzan mutuamente. Una persona que se mantiene físicamente activa suele tener también mejor claridad mental y mejor estado de ánimo, mientras que alguien con una red social sólida tiende a recuperarse mejor de una enfermedad física porque cuenta con apoyo emocional y práctico durante el proceso. Por eso, fortalecer cualquiera de estas tres áreas en su familiar mayor termina beneficiando también a las otras dos.

¿Qué factores debilitan o fortalecen la resiliencia?

Existen factores que pueden debilitar la resiliencia con el tiempo, como la presión arterial alta sin control, la diabetes mal manejada, el sedentarismo, el consumo de tabaco y alcohol, así como la depresión y la ansiedad no tratadas. Estas condiciones no solo afectan la salud física, sino que también disminuyen la capacidad de la persona para afrontar nuevas dificultades con la misma fortaleza que tendría en condiciones de mejor salud, creando un círculo donde la enfermedad debilita la resiliencia y la baja resiliencia, a su vez, dificulta el manejo adecuado de la enfermedad.

Por el contrario, ciertos hábitos y actitudes fortalecen claramente la resiliencia. Mantener una alimentación saludable, realizar ejercicio de forma regular, conservar la mente activa a través de actividades que representen un reto cognitivo, practicar la atención plena o mindfulness, mantener una actitud optimista ante la vida, y cultivar la sensación de autosuficiencia, son todos factores que se asocian con una mayor capacidad de adaptación ante la adversidad.

El entorno también juega un papel relevante, ya que el acceso a espacios verdes, una red de apoyo social activa y condiciones socioeconómicas más estables se relacionan con mejores niveles de resiliencia. Esto significa que, como familia y como comunidad, también tenemos la responsabilidad de crear condiciones que favorezcan esta fortaleza en nuestros adultos mayores, en lugar de dejar toda la responsabilidad únicamente en manos de la persona.

¿Qué puede hacer usted desde hoy para fortalecer la resiliencia de su familiar mayor?

Una de las formas más efectivas de fortalecer la resiliencia es ayudar a su familiar mayor a mantenerse activo física y mentalmente, ya sea a través de caminatas regulares, juegos de mesa, lectura, o cualquier actividad que le resulte placentera y a la vez represente un pequeño reto. Combinar movimiento físico con estimulación mental potencia los beneficios en ambas direcciones, fortaleciendo tanto el cuerpo como la mente.

También es fundamental fomentar y mantener las relaciones sociales significativas, ya sea con la familia, amistades de toda la vida, vecinos o grupos comunitarios. Anime a su familiar mayor a compartir sus experiencias y la sabiduría acumulada durante su vida, ya que esto no solamente fortalece su sentido de propósito, sino que también refuerza los lazos familiares y permite que las generaciones más jóvenes aprendan de su experiencia.

Finalmente, preste atención a señales de depresión o ansiedad persistente, ya que tratarlas a tiempo es una de las formas más directas de proteger la resiliencia emocional de su familiar mayor. Reconocer y valorar abiertamente la fortaleza que su familiar mayor ya posee, en lugar de tratarlo como alguien frágil por defecto, también contribuye a fortalecer esa misma fortaleza, ya que sentirse capaz y valorado es, en sí mismo, un componente esencial de la resiliencia.

En El Salvador, donde tantas familias han atravesado juntas momentos históricos difíciles, los adultos mayores suelen ser portadores de una resiliencia construida durante décadas de experiencia compartida. Reconocer ese recurso, en lugar de pasarlo por alto, permite que toda la familia se beneficie de esa fortaleza, y al mismo tiempo brinda al adulto mayor el lugar de respeto y valor que merece dentro del hogar.

Tu compromiso de hoy

Esta semana puede dar estos pasos concretos:

  • Dedique tiempo esta semana a escuchar una historia o experiencia de vida de su familiar mayor, sin interrumpir ni minimizar lo que comparte.
  • Anime a su familiar mayor a realizar una actividad mental estimulante, como leer, jugar cartas o resolver crucigramas, al menos tres veces esta semana.
  • Organice una actividad social, como una visita familiar o una llamada con amigos cercanos, para fortalecer su red de apoyo.
  • Observe si su familiar mayor muestra señales de tristeza profunda o ansiedad constante, y busque apoyo profesional si es necesario.
  • Reconozca en voz alta una fortaleza o un logro de su familiar mayor para reforzar su sentido de capacidad y valor.

Referencias

  • Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and human resilience. American Psychologist, 59(1), 20-28.
  • Kusz, H., & Ahmad, A. (2024). Resilience. En Geriatrics, lifestyle medicine and health. CRC Press.
  • Organización Panamericana de la Salud. (2022). Salud mental y envejecimiento activo en las Américas. OPS.
  • Stern, Y., et al. (2020). Whitepaper: Defining and investigating cognitive reserve, brain reserve, and brain maintenance. Alzheimer’s & Dementia, 16(9), 1305-1311.

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