
PUNTOS CLAVE
- La obesidad es una enfermedad crónica reconocida por la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Medica americana: no es una falta de voluntad ni un problema de carácter.
- Su causa no es comer demasiado de forma simple: intervienen factores genéticos, hormonales, metabólicos, emocionales y ambientales que hacen que el cuerpo defienda activamente el peso acumulado.
- La obesidad severa incrementa el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, apnea del sueño, problemas articulares y ciertos tipos de cáncer.
- El índice de masa corporal (IMC) es la herramienta más utilizada para clasificar la obesidad, aunque no es el único parámetro que importa: la distribución de la grasa y la salud metabólica también cuentan.
- Reconocer la obesidad como enfermedad es el primer paso para buscar tratamiento sin culpa y con la ayuda del equipo médico adecuado.
En El Salvador, y en toda América Latina, es común escuchar frases como ‘solo es cuestión de comer menos y moverse más’ cuando se habla de personas con obesidad. Esta idea, aunque bien intencionada, ignora algo que la ciencia ha demostrado de manera contundente en las ultimas décadas: la obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial, y tratarla como un simple problema de disciplina no solo no ayuda, sino que aumenta la culpa y aleja a las personas de la atención que realmente necesitan.
En 2013, la Asociación Médica Americana reconoció formalmente la obesidad como una enfermedad que requiere prevención y tratamiento médico. La Organización Mundial de la Salud la ha catalogado como una epidemia global desde hace más de dos décadas. Y la evidencia acumulada muestra que quienes viven con obesidad no es que no quieran cambiar: es que su biología trabaja activamente en su contra cuando intentan hacerlo sin apoyo médico especializado.
En este artículo le explicamos que es exactamente la obesidad, como se diagnostica, por que ocurre, qué consecuencias tiene para la salud y por qué entenderla como lo que es (una enfermedad) es el punto de partida para tratarla con eficacia.
Que es la obesidad y como se diagnostica
La obesidad se define como una acumulación excesiva y anormal de grasa corporal que representa un riesgo para la salud. No se trata solo de pesar más de lo esperado: lo que importa es cuanta de esa masa corporal corresponde a tejido adiposo, donde se concentra ese tejido y qué efectos tiene sobre el funcionamiento del organismo.
La herramienta de diagnóstico más utilizada en la práctica clínica es el índice de masa corporal (IMC), que se obtiene dividiendo el peso en kilogramos entre el cuadrado de la estatura en metros. Según la clasificación de la OMS, un IMC entre 25 y 29.9 indica sobrepeso, entre 30 y 34.9 corresponde a obesidad grado I, entre 35 y 39.9 a obesidad grado II, y un IMC igual o mayor a 40 se denomina obesidad grado III o severa. Esta última categoría es la que con mayor frecuencia requiere intervención quirúrgica.
El IMC es práctico y fácil de calcular, pero tiene limitaciones importantes. No distingue entre masa muscular y grasa, ni indica como está distribuida esa grasa en el cuerpo. La grasa abdominal o visceral, la que rodea los órganos internos, es metabólicamente mucho más activa y peligrosa que la grasa que se acumula bajo la piel en caderas o muslos. Por eso, la evaluación Clinica completa siempre incluye la medición de la circunferencia abdominal y, en muchos casos, estudios de composición corporal más detallados.
Por qué se desarrolla la obesidad: más allá del plato y la pereza
Uno de los mayores avances en la comprensión de la obesidad ha sido reconocer que no tiene una causa única. Es una condición multifactorial en la que intervienen al menos cuatro grandes grupos de factores: genéticos, hormonales y metabólicos, ambientales y conductuales, y psicológicos.
Los factores genéticos influyen en como el cuerpo almacena la grasa, en la velocidad del metabolismo y en la respuesta hormonal al hambre y la saciedad. Estudios en gemelos idénticos han demostrado que la predisposición genética a la obesidad puede explicar hasta el 70 por ciento de la variabilidad entre personas que viven en entornos similares. Hormonas como la leptita (que regula la saciedad), la grelina (que estimula el hambre) y la insulina juegan roles críticos en el equilibrio energético, y en personas con obesidad estos sistemas frecuentemente están alterados.
El entorno también importa de forma directa. La disponibilidad de alimentos ultra procesados de alta densidad calórica y bajo valor nutritivo, los horarios laborales que dificultan la preparación de comidas saludables, el sedentarismo asociado a empleos de oficina, el estrés crónico y la falta de sueño son factores ambientales que impulsan el aumento de peso en la población general. En El Salvador, como en muchos países latinoamericanos, estos factores se combinan con un contexto donde el acceso a alimentos saludables y espacios para actividad física no está distribuido de forma equitativa.
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Las consecuencias para la salud: porque la obesidad no es solo una cuestión estética
Quienes viven con obesidad severa no solo enfrentan un mayor peso corporal: enfrentan un sistema de salud que se deteriora de forma progresiva a nivel múltiple. La grasa visceral, en particular, produce sustancias inflamatorias que afectan el funcionamiento del corazón, el páncreas, los riñones, las articulaciones y el cerebro.
La diabetes tipo 2 es una de las consecuencias más frecuentes: el exceso de grasa corporal, especialmente la visceral, genera resistencia a la insulina y eventualmente lleva al páncreas a no poder compensar esa resistencia. La hipertensión arterial se desarrolla porque el tejido graso aumenta el volumen sanguíneo y genera presión sobre los vasos. Las enfermedades cardiovasculares, incluyendo el infarto y el accidente cerebrovascular, son hasta tres veces más frecuentes en personas con obesidad severa. La apnea del sueño, que ocurre cuando el tejido graso en el cuello obstruye las vías respiratorias durante el descanso, afecta la calidad del sueño y agrava la fatiga y el riesgo cardiovascular.
A nivel articular, el sobrepeso sostenido acelera el desgaste del cartílago en rodillas y caderas. Ciertos tipos de cáncer (endometrial, de mama, de colon, de esófago) tienen una prevalencia significativamente mayor en personas con obesidad, debido a los cambios hormonales e inflamatorios que provoca el exceso de grasa. La calidad de vida, la movilidad y la salud mental también se ven profundamente afectadas. No es una enfermedad que afecte solo la balanza: afecta cada sistema del organismo.
El estigma de la obesidad: el obstáculo que más Dana
Uno de los factores que más complican el tratamiento de la obesidad no es médico: es social. El estigma, es decir, el juicio moral y la discriminación que enfrentan las personas con obesidad, es uno de los obstáculos más estudiados y más subestimados en el campo de la salud. Investigaciones publicadas en revistas de primer nivel muestran que el estigma en torno a la obesidad lleva a las personas a evitar buscar atención médica, a experimentar mayor estrés y a tener peores resultados de salud en general.
Este estigma se expresa en consultas médicas donde el peso es la única variable que el profesional menciona, en ropa que no existe en las tallas necesarias, en asientos públicos que no acomodan a todos los cuerpos, y en comentarios familiares bien intencionados que hacen más daño que bien. La culpa que genera el estigma activa el estrés crónico, que a su vez eleva el cortisol, que a su vez promueve el almacenamiento de grasa abdominal. Es un ciclo que la ciencia documenta y que la sociedad perpetua sin saberlo.
Entender la obesidad como enfermedad no significa resignarse: significa buscar el tratamiento que corresponde a una enfermedad crónica, con el mismo rigor y sin el mismo juicio con que se busca atención para la hipertensión o la diabetes. La diferencia entre ese enfoque y la culpa puede ser la diferencia entre actuar y quedarse paralizado.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Calcule su IMC esta semana. Divida su peso en kilos entre el cuadrado de su estatura en metros. Si el resultado es 30 o más, consulte con su médico sobre los pasos a seguir.
- Si alguien en su familia vive con obesidad, cambie la forma en que habla del tema. Sustituya los comentarios sobre apariencia por preguntas sobre salud y bienestar.
- Informe a su médico de cabecera si no ha abordado el tema del peso en sus consultas. Tiene derecho a recibir orientación medica sobre este tema sin juicio.
- Si tiene diabetes, hipertensión o apnea del sueño y también tiene obesidad, hable con su médico sobre si un tratamiento integral de la obesidad podría mejorar esas condiciones.
- Busque grupos de apoyo o comunidades en línea con perspectiva medica donde las personas con obesidad compartan experiencias de tratamiento informadas y libres de estigma.
Recuerde: entender la obesidad como enfermedad es liberarse de la culpa y empezar a buscar solución con claridad.
Referencias
- Bhasker, A. G., Craggs-Dino, L., O’Kane, M., & Jain, V. (Eds.). (2025). Handbook of Bariatric Nutrition. Springer Nature.
- Nguyen, N. T., Brethauer, S. A., Morton, J. M., Ponce, J., & Rosenthal, R. J. (Eds.). (2020). The ASMBS Textbook of Bariatric Surgery (2.a ed.). Springer Nature.
- Organizacion Mundial de la Salud. (2024). Obesidad y sobrepeso. OMS. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/obesity-and-overweight
- Puhl, R. M., & Heuer, C. A. (2010). Obesity stigma: Important considerations for public health. American Journal of Public Health, 100(6), 1019-1028.