
PUNTOS CLAVE
- Los medicamentos disponibles para la demencia son sintomáticos: mejoran los síntomas, pero no detienen la enfermedad.
- Los inhibidores de colinesterasa (donepezilo, rivastigmina, galantamina) son los más usados en demencia leve a moderada.
- La memantina se usa en demencia moderada a severa y puede combinarse con los inhibidores de colinesterasa.
- Los beneficios suelen ser modestos y no todos los pacientes los experimentan de la misma manera.
- Algunos medicamentos comunes pueden empeorar la función cognitiva y deben evitarse en personas con demencia.
Ningún medicamento debe iniciarse, cambiarse ni suspenderse sin consultar primero al médico tratante. Este artículo es informativo y no reemplaza la prescripción médica.
Cuando la familia recibe un diagnóstico de demencia, una de las primeras preguntas es: “¿qué pastilla le van a dar?” Y es una pregunta comprensible, porque estamos acostumbrados a que las enfermedades tengan tratamientos que las curan o al menos las detienen. En el caso de la demencia, la realidad es más compleja, y entenderla desde el principio evita frustraciones y expectativas equivocadas.
Existen medicamentos aprobados para la demencia que pueden mejorar síntomas y mantener la calidad de vida por más tiempo. Pero ninguno de los disponibles actualmente detiene el avance de la enfermedad ni revierte el daño ya ocurrido en el cerebro. Eso no significa que no valgan la pena, sino que hay que entender bien para qué sirven y cuáles son sus límites reales.
En este artículo encontrará una explicación clara sobre los medicamentos principales para la demencia, cómo funcionan, qué beneficios pueden ofrecer, cuáles son sus efectos secundarios y qué otros medicamentos deben evitarse. La información correcta permite tomar decisiones junto al médico con mayor claridad.
¿Qué hacen los medicamentos para la demencia?
Los medicamentos disponibles para la demencia actúan sobre los sistemas de comunicación entre neuronas que se ven afectados por la enfermedad. No eliminan las placas ni los ovillos que causan el daño, pero pueden mejorar temporalmente la transmisión de señales en el cerebro, lo que se traduce en mejor funcionamiento cognitivo, menor agitación, mejor estado de ánimo y mayor capacidad para las actividades diarias en algunos pacientes.
Es importante ser claro sobre lo que significa “mejor”: en muchos casos, el beneficio es modesto. En términos generales, alrededor de un tercio de los pacientes experimenta una mejora notable, otro tercio se mantiene estable (lo que en una enfermedad progresiva ya es un beneficio), y el tercio restante no experimenta cambios perceptibles. El hecho de que alguien no mejore visiblemente no significa que el medicamento no esté actuando: puede estar desacelerando el avance sin que eso sea obvio a simple vista.
Los medicamentos para la demencia no son una cura y no deben presentarse como tal a la familia. Pero dentro de sus limitaciones reales, pueden mejorar la calidad de vida y permitir que la persona mantenga más tiempo su funcionamiento e independencia. Eso tiene un valor enorme para ella y para quienes la cuidan.
Inhibidores de colinesterasa: el grupo más usado
Los inhibidores de colinesterasa son el grupo de medicamentos más utilizado en la demencia tipo Alzheimer leve a moderada. Los tres disponibles son el donepezilo, la rivastigmina y la galantamina. Todos actúan de manera similar: impiden la degradación de la acetilcolina, un neurotransmisor esencial para la memoria y el aprendizaje que se reduce en el Alzheimer.
Cada uno tiene diferencias en su forma de administración y en su perfil de efectos secundarios. El donepezilo se toma una vez al día en pastilla. La rivastigmina puede tomarse dos veces al día en cápsula o como parche en la piel, lo que puede ser más conveniente para personas con dificultades para tragar pastillas. La galantamina también puede tomarse una vez al día en fórmula de liberación controlada. La rivastigmina además está aprobada para la demencia asociada a la enfermedad de Parkinson.
Los efectos secundarios más comunes de este grupo incluyen náuseas, vómitos, diarrea, pérdida de apetito y mareos, especialmente al inicio del tratamiento o cuando se aumenta la dosis. Suelen mejorar con el tiempo. En personas con enfermedades del corazón, especialmente ciertos trastornos del ritmo cardíaco, el médico evaluará cuidadosamente si estos medicamentos son seguros.
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Memantina: para etapas más avanzadas
La memantina actúa de manera diferente a los inhibidores de colinesterasa. Regula la actividad del glutamato, otro neurotransmisor que en la demencia puede volverse excesivo y dañar las neuronas. Está aprobada para la demencia moderada a severa por Alzheimer, aunque también se usa en otros tipos de demencia.
La memantina puede usarse sola o combinada con un inhibidor de colinesterasa, dependiendo del caso y de la evaluación médica. Sus efectos secundarios son generalmente leves: confusión, mareos, dolor de cabeza y estreñimiento son los más reportados. A diferencia de los inhibidores de colinesterasa, no suele causar problemas gastrointestinales significativos.
Para las familias es importante entender que la memantina no es un medicamento de “segunda línea” o de “último recurso”: es simplemente un medicamento diseñado para una etapa diferente de la enfermedad. Su uso responde a las necesidades del paciente en ese momento, no a que los otros medicamentos hayan fallado.
Medicamentos para síntomas no cognitivos
La demencia no solo afecta la memoria. También puede traer consigo depresión, ansiedad, agitación, alucinaciones o trastornos del sueño. Estos síntomas, conocidos como síntomas conductuales y psicológicos de la demencia, pueden ser los más difíciles de manejar para las familias y a veces requieren medicamentos específicos.
Los antidepresivos pueden usarse para la depresión asociada a la demencia, aunque la evidencia de su efectividad en este contexto es limitada. Para la agitación severa o las alucinaciones, en algunos casos se usan medicamentos antipsicóticos a dosis bajas y por períodos cortos, con mucha precaución porque tienen riesgos importantes en personas mayores con demencia. El único antipsicótico aprobado específicamente para este uso es la risperidona.
Siempre que sea posible, el manejo de los síntomas conductuales debería intentarse primero con intervenciones no farmacológicas: rutinas estables, estimulación sensorial, música, actividad significativa, reducción de estímulos detonantes. Los medicamentos son un recurso adicional cuando las intervenciones no farmacológicas no son suficientes, no el primer paso.
Medicamentos que deben evitarse
Tan importante como saber qué medicamentos se usan para la demencia es saber cuáles deben evitarse. Muchos medicamentos comunes tienen efectos anticolinérgicos, es decir, bloquean el mismo sistema que los medicamentos para la demencia buscan apoyar. Usarlos puede empeorar significativamente la función cognitiva.
Entre los que merecen especial atención están: algunos antihistamínicos de venta libre usados para alergias o para dormir; ciertos medicamentos para la vejiga hiperactiva; algunos relajantes musculares; determinados antidepresivos más antiguos; medicamentos para el mareo; y algunos antiácidos. Es fundamental que el médico revise toda la lista de medicamentos de la persona, incluyendo los que compra sin receta, porque las interacciones pueden ser importantes.
El objetivo de esta revisión no es alarmar sino optimizar. Muchas personas con demencia mejoran notablemente cuando se eliminan medicamentos innecesarios o se cambian por alternativas con menos impacto cognitivo. Esta revisión farmacológica debe hacerse con el médico y no de manera unilateral por parte de la familia.
¿Vale la pena continuar el medicamento si no se nota mejoría?
Esta es una de las preguntas más frecuentes de las familias. La respuesta no es simple. Los medicamentos para la demencia generalmente se evalúan después de tres a seis meses de uso regular. Si hay una mejoría clara en la función cognitiva, en el comportamiento o en la capacidad funcional, el beneficio es evidente. Pero si no hay mejoría visible, eso no significa automáticamente que el medicamento deba suspenderse.
El criterio para continuar o suspender debe ser médico, basado en una evaluación completa que considere el bienestar del paciente, los efectos secundarios presentes, la etapa de la enfermedad y la perspectiva de los cuidadores. En algunas situaciones, suspender el medicamento en etapas muy avanzadas puede ser la decisión más adecuada para evitar efectos secundarios sin beneficio claro.
Lo que sí es claro es que el medicamento para la demencia no debe suspenderse abruptamente ni sin consultar al médico. Algunos pueden causar efectos de retirada, y la decisión de discontinuarlos debe hacerse de manera planificada y supervisada. La comunicación abierta y regular con el equipo médico es la mejor herramienta para tomar estas decisiones con información.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Si su familiar toma medicamentos para la demencia, pida al médico en la próxima consulta una explicación de para qué sirve cada uno y qué señales indicarían que está funcionando.
- Lleve a la próxima consulta una lista completa de todos los medicamentos, incluyendo los de venta libre, vitaminas y suplementos.
- Pregunte al médico si hay algún medicamento en la lista que deba evitarse por sus efectos sobre la función cognitiva.
- Anote cualquier cambio de comportamiento o en la función cognitiva que note después de iniciar o cambiar un medicamento para reportarlo al médico.
Los medicamentos son una herramienta, no una solución mágica. Usarlos bien, con información y en equipo con el médico, es la clave para sacarles el mayor provecho.
Referencias
- Coope, B., & Richards, F. A. (2014). ABC of dementia. Wiley Blackwell.
- Sadaghiani, S. (2014). Drug treatment. En B. Coope & F. A. Richards (Eds.), ABC of dementia (pp. 18-21). Wiley Blackwell.
- Alzheimer”s Association. (2024). Alzheimer”s disease facts and figures. Alzheimer”s & Dementia, 20(5), 3708-3821.
- Organización Mundial de la Salud. (2023). Demencia: datos y cifras. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dementia
- Lee, Y., Chinnameyyappan, A., Feldman, H., Marotta, G., Survilla, A., & Lanctot, K. (2025). Behavioral and psychological symptoms (BPSD) in Alzheimer”s disease: Development and treatment. En E. J. Kidd & P. A. Newhouse (Eds.), Neurobiology of Alzheimer”s disease (pp. 245-280). Springer Nature Switzerland.
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
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