
PUNTOS CLAVE
- El dolor relacionado con el cáncer no es inevitable ni intocable: la mayoría de los pacientes puede obtener alivio significativo con el tratamiento adecuado.
- El dolor en el cáncer puede tener múltiples causas: el tumor mismo, los tratamientos como quimioterapia y radioterapia, o procedimientos diagnósticos.
- La Organización Mundial de la Salud tiene directrices claras para el manejo escalonado del dolor oncológico que van desde analgésicos simples hasta opioides cuando es necesario.
- Comunicar el dolor claramente al equipo médico es fundamental: no sufra en silencio porque “es normal en el cáncer”. Nada justifica un dolor no controlado.
- El alivio del dolor mejora no solo la calidad de vida sino también la capacidad del paciente para tolerar los tratamientos del cáncer.
Si el dolor empeora súbitamente o cambia de carácter en un paciente con cáncer, consulte a su equipo médico de inmediato: puede indicar un cambio en la enfermedad que requiere evaluación.
Una de las mayores preocupaciones de las personas que reciben un diagnóstico de cáncer no es únicamente el cáncer en sí mismo, sino el miedo al dolor que podría acompañarlo. Este miedo es comprensible, pero también puede ser en parte innecesario: la medicina actual cuenta con herramientas efectivas para controlar el dolor oncológico en la gran mayoría de los casos. El dolor en el cáncer no tiene que ser sinónimo de sufrimiento inevitable.
Sin embargo, la realidad en muchos contextos, incluyendo América Latina, es que el dolor oncológico sigue siendo subestimado y subtratado. Muchos pacientes no comunican su dolor por miedo a ser considerados “exigentes”, por creer que es normal y hay que aguantarlo, o por temor a los medicamentos. Y muchos sistemas de salud no tienen los protocolos ni los recursos para abordarlo adecuadamente. Cambiar esa realidad comienza con la información.
En este artículo le explicamos qué causa el dolor en el cáncer, cómo se clasifica, qué tratamientos existen y cómo puede usted y su familia trabajar con el equipo médico para lograr el mejor control posible del dolor. Porque vivir con cáncer no significa vivir con dolor.
¿Por qué duele el cáncer? Causas y tipos de dolor oncológico
El dolor en el cáncer tiene múltiples orígenes y comprender esas diferencias ayuda a entender por qué a veces se necesitan distintos tipos de tratamiento al mismo tiempo. La primera causa es el tumor mismo: cuando el cáncer crece, puede comprimir nervios, invadir huesos, distender órganos o bloquear ductos. Cada una de estas situaciones produce un tipo diferente de dolor, y cada una responde mejor a distintas estrategias terapéuticas.
Los tratamientos del cáncer también pueden causar dolor. La quimioterapia puede producir neuropatía periférica inducida por quimioterapia, una lesión en los nervios que causa hormigueo, ardor y dolor en manos y pies que puede persistir meses o años después de terminar el tratamiento. La radioterapia puede causar inflamación en los tejidos irradiados. Las cirugías dejan cicatrices que a veces generan dolor crónico. Y los procedimientos diagnósticos como biopsias o punciones también generan molestias que hay que manejar.
Además, los pacientes con cáncer frecuentemente tienen condiciones preexistentes de dolor crónico como artritis o lumbalgia que no desaparecen con el diagnóstico de cáncer. El manejo del dolor oncológico debe tener en cuenta todo este panorama de manera integral, no solo el dolor directamente atribuible al tumor.
La escalera analgésica de la OMS: un marco de referencia que funciona
La Organización Mundial de la Salud desarrolló hace décadas un modelo de manejo del dolor oncológico llamado la escalera analgésica, que sigue siendo la referencia fundamental. Este modelo propone un enfoque escalonado: comenzar con analgésicos simples (como paracetamol o antiinflamatorios no esteroideos) para el dolor leve, avanzar a opioides de baja potencia (como tramadol o codeína) para el dolor moderado, y usar opioides fuertes (como morfina, oxicodona o fentanilo) para el dolor severo.
Un principio fundamental de este modelo es que el dolor oncológico severo merece tratamiento con opioides fuertes, y que usarlos adecuadamente bajo supervisión médica no convierte al paciente en adicto. El temor a los opioides es una barrera real que impide que muchos pacientes reciban el alivio que merecen. La dependencia física que ocurre con el uso prolongado de opioides es un fenómeno manejable y predecible, diferente de la adicción, y no es razón suficiente para negar alivio a una persona que sufre.
Además de los analgésicos propiamente dichos, se usan medicamentos coadyuvantes: antidepresivos y gabapentinoides para el dolor neuropático causado por la quimioterapia, bisfosfonatos para el dolor por metástasis óseas, corticoides para reducir la inflamación alrededor del tumor, y ansiolíticos o somníferos cuando la ansiedad o el insomnio amplifican la percepción del dolor. El plan de medicación debe revisarse periódicamente con el médico y ajustarse según la respuesta del paciente.
Video relacionado
Cómo comunicar el dolor al equipo médico de manera efectiva
Muchos pacientes con cáncer no informan adecuadamente su dolor a sus médicos. Algunos creen que quejarse del dolor distrae la atención del tratamiento del cáncer. Otros temen que reconocer el dolor significa que la enfermedad está empeorando. Otros simplemente no saben cómo describirlo o piensan que hay que aguantarlo. Ninguna de estas razones es buena razón para sufrir en silencio.
La comunicación efectiva sobre el dolor comienza por describirlo con precisión. Antes de cada consulta, tenga en mente o anote: dónde exactamente está el dolor, qué tan intenso es en una escala del 0 al 10 (donde 0 es ningún dolor y 10 es el peor dolor imaginable), cómo se siente (ardor, presión, punzada, descarga), cuándo aparece o empeora, qué lo alivia, y cómo está afectando su sueño, su apetito y sus actividades diarias.
Informe también si el dolor cambia de lugar, si aparece en momentos inesperados o si tiene episodios de dolor muy intenso sobre una base de dolor moderado. Este último patrón se llama “dolor irruptivo” y tiene un manejo específico con medicamentos de acción rápida que se toman según se necesiten. Su equipo médico necesita toda esta información para diseñar un plan de manejo del dolor que funcione para usted específicamente.
Más allá de los medicamentos: estrategias complementarias para el dolor en el cáncer
Los medicamentos son el pilar del manejo del dolor oncológico, pero no son la única herramienta. Las estrategias complementarias pueden aumentar el alivio, reducir la cantidad de medicamento necesaria y mejorar el bienestar general del paciente.
La fisioterapia y el ejercicio adaptado pueden reducir el dolor muscular, mejorar la movilidad y combatir la fatiga. Incluso en estadios avanzados de cáncer, el ejercicio suave y bien supervisado ha demostrado mejorar la calidad de vida y la tolerancia a los tratamientos. La radioterapia paliativa, que usa dosis más bajas que la radioterapia curativa, es altamente efectiva para el dolor causado por metástasis óseas.
Las técnicas intervencionistas como los bloqueos nerviosos, la administración epidural o intratecal de analgésicos, y la estimulación de la médula espinal son opciones para casos de dolor refractario, es decir, que no responde bien a los medicamentos por vía oral o tópica. Estas técnicas deben ser evaluadas por especialistas en dolor o en medicina paliativa. La decisión de usarlas depende de la situación específica del paciente, sus objetivos de tratamiento y la disponibilidad del recurso en el sistema de salud.
Lo que la familia puede hacer para apoyar al paciente con dolor oncológico
El entorno familiar tiene un papel real y medible en el manejo del dolor oncológico. Los pacientes que tienen apoyo emocional sólido perciben menos dolor, toleran mejor los tratamientos y tienen mejor calidad de vida. Por eso, el papel de la familia no es secundario: es parte integral del plan de cuidado.
La familia puede ayudar acompañando al paciente a las consultas médicas para asegurarse de que el dolor se comunica claramente y de que las instrucciones del médico se entienden bien. También puede llevar un registro diario del nivel de dolor y de cómo responde a los medicamentos, información valiosa para el equipo médico. Y puede ayudar a garantizar que el paciente tome sus medicamentos en los horarios indicados: en el dolor oncológico, la regularidad es fundamental.
El apoyo emocional que proporciona la familia reduce la ansiedad y el miedo, que son amplificadores poderosos del dolor. Escuchar al paciente sin minimizar su experiencia, validar que su dolor es real y tomarlo en serio, y acompañarlo en la búsqueda de alivio son las formas más concretas en que un familiar puede marcar la diferencia.
¿Cuándo incluir cuidados paliativos en el manejo del dolor?
Los cuidados paliativos son servicios especializados orientados a mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedades graves, incluyendo pero no limitándose al final de la vida. Uno de sus ejes principales es el manejo integral del dolor y los síntomas. Contrario a lo que muchos piensan, los cuidados paliativos no son solo para cuando “ya no hay nada que hacer”: son para cuando el paciente necesita apoyo experto para manejar síntomas difíciles en cualquier momento de su enfermedad.
Si el dolor del paciente no está siendo controlado adecuadamente con el tratamiento actual, si el dolor afecta significativamente la capacidad del paciente para dormir, comer o relacionarse, o si los efectos secundarios de los medicamentos son difíciles de manejar, es el momento de pedir una consulta con el equipo de cuidados paliativos o con un especialista en medicina del dolor.
En El Salvador, los servicios de cuidados paliativos están disponibles en algunos hospitales públicos, en el ISSS y en instituciones privadas especializadas. Si no sabe a dónde acudir, pregunte a su oncólogo o a su médico de cabecera: ellos pueden orientarle hacia los recursos disponibles en su área. Usted tiene derecho a vivir con el menor dolor posible, y hay profesionales comprometidos con ayudarle a lograrlo.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- En su próxima consulta, evalúe su dolor del 0 al 10 y comuníquelo exactamente así a su médico, con esa escala numérica.
- Lleve un registro de su dolor durante la próxima semana: intensidad, horario, qué lo mejora y qué lo empeora.
- Si lleva más de tres días con un dolor que no está bajo control con su medicación actual, llame a su equipo médico: no espere a la próxima cita.
- Comparta este artículo con un familiar cercano para que entienda cómo puede apoyarle mejor en el manejo del dolor.
Vivir con cáncer no significa vivir con dolor. Con el tratamiento correcto y el equipo adecuado, el alivio es posible.
Referencias
- Pearman, T. P., Tryzelaar, L., y Szmuilowicz, E. (2018). Adult cancer-related pain. En R. J. Moore (Ed.), Handbook of pain and palliative care (2.a ed., pp. 261-286). Springer International Publishing.
- Organización Mundial de la Salud. (2018). Palliative care. Nota descriptiva. OMS. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/palliative-care
- Cheatle, M. D., y Gallagher, R. M. (2018). Chronic pain and opioids. En R. J. Moore (Ed.), Handbook of pain and palliative care (2.a ed., pp. 475-506). Springer International Publishing.
- Cohen, S. P., Vase, L., y Hooten, W. M. (2021). Chronic pain: an update on burden, best practices, and new advances. The Lancet, 397(10289), 2082-2097. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(21)00393-7
- Organización Panamericana de la Salud. (2020). Cuidados paliativos. OPS. https://www.paho.org/es/temas/cuidados-paliativos
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
¿Tienes dudas sobre este tema?
Únete a nuestro canal de WhatsApp y recibe contenido de salud confiable directamente en tu celular.
Unirme al canal de WhatsApp →



