Hipertensión en adultos mayores

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PUNTOS CLAVE

  • Tres de cada cuatro personas mayores de 65 años viven con hipertensión. No es una consecuencia inevitable del envejecimiento: es una condición tratable que puede controlarse muy bien.
  • Con la edad, las arterias pierden flexibilidad y la presión tiende a subir; pero ese cambio no significa que haya que aceptarlo sin tratamiento.
  • La hipertensión en adultos mayores puede causar infarto, derrame cerebral, insuficiencia cardíaca y daño renal, incluso cuando la persona no siente ningún síntoma.
  • Nunca suspenda su medicamento antihipertensivo porque se siente bien: el bienestar que experimenta es, precisamente, el resultado de tomarlo.
  • Si nota que se marea al levantarse, infórmeselo a su médico: puede ser hipotensión postural, un efecto secundario que tiene solución sin dejar el tratamiento.

Imagine que lleva décadas cuidando su corazón, cumpliendo con sus controles y tomando sus medicamentos, y que aun así alguien le dice que la presión alta sigue siendo el mayor riesgo para su salud. Eso no es una mala noticia: es una señal de que todavía hay algo importante que hacer, y de que hacerlo marca una diferencia real. Para los adultos mayores en El Salvador, la hipertensión arterial es la condición crónica más frecuente, y también una de las más controlables cuando se aborda con información correcta y hábitos sostenidos.

Lo que cambia con la edad no es la importancia de controlar la presión, sino las particularidades del cuerpo que la experimenta. Las arterias envejecen, el sistema cardiovascular se ajusta, y los medicamentos interactúan de manera distinta en un organismo de 70 años que en uno de 40. Conocer esas diferencias no es un asunto médico exclusivo: es información que cualquier adulto mayor puede y debe conocer.

En este artículo le explicamos por qué la presión alta es tan común en la vejez, qué la hace diferente a la hipertensión en personas jóvenes, y qué pasos concretos puede dar usted o su familia para mantenerla bajo control y vivir con plena calidad de vida.

¿Por qué sube la presión con la edad?

El cuerpo humano es una ingeniería admirable que se adapta constantemente. Con el paso de los años, uno de los cambios más significativos en el sistema cardiovascular es la pérdida progresiva de elasticidad en las arterias. Las arterias jóvenes se estiran con cada latido del corazón y luego vuelven a su forma; las arterias que han pasado por décadas de trabajo continuo se vuelven más rígidas, menos capaces de amortiguar esa onda de presión. El resultado: la presión sistólica (el número alto de la medición) tiende a subir.

Este proceso es biológicamente normal, pero lo normal no es lo mismo que lo inofensivo. Una presión arterial elevada, aunque sea consecuencia del envejecimiento, sigue ejerciendo la misma fuerza excesiva sobre el corazón, el cerebro, los riñones y los ojos. El riesgo cardiovascular no disminuye con la edad: al contrario, se acumula. Por eso el control de la presión es igual de importante a los 70 que a los 40.

También existe en los adultos mayores un fenómeno llamado hipertensión sistólica aislada, donde solo el número alto de la presión está elevado mientras el número bajo permanece normal o incluso bajo. Esta variante es especialmente frecuente en personas mayores y también requiere tratamiento y seguimiento médico.

¿Qué complicaciones puede provocar la presión no controlada en una persona mayor?

La hipertensión arterial sin control en adultos mayores no es un riesgo abstracto. Sus consecuencias son concretas, medibles y, en muchos casos, irreversibles si se llega a ellas sin haber actuado a tiempo. El daño se distribuye principalmente entre cuatro órganos: el corazón, el cerebro, los riñones y los ojos.

En el corazón, la presión alta obliga al músculo cardíaco a trabajar con más esfuerzo en cada latido. Con el tiempo, ese sobreesfuerzo puede llevar a insuficiencia cardíaca, una condición en la que el corazón ya no bombea la sangre con suficiente eficacia. En el cerebro, la presión elevada aumenta significativamente el riesgo de derrame cerebral y también está vinculada al deterioro cognitivo y a la demencia vascular.

Los riñones filtran la sangre de forma continua, y la hipertensión sostenida daña los pequeños vasos que realizan ese filtrado. En los adultos mayores que además tienen diabetes, el riesgo renal se multiplica. Finalmente, los vasos de la retina también se ven afectados, aumentando el riesgo de problemas visuales serios. Ninguna de estas complicaciones avisa antes de ocurrir, lo que hace que la presión controlada sea la mejor forma de prevenirlas.

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El medicamento que funciona porque usted lo toma: el mito de “me siento bien”

Uno de los malentendidos más comunes entre las personas mayores con hipertensión es creer que cuando se sienten bien, el medicamento ya no es necesario. La lógica parece intuitiva: si no hay síntomas, ¿para qué seguir tomando pastillas? La realidad clínica es exactamente la contraria.

La hipertensión recibe el nombre de “asesina silenciosa” precisamente porque no duele. El daño que produce sobre los vasos sanguíneos, el corazón y los riñones ocurre de forma gradual y sin síntomas durante años. Cuando los síntomas aparecen (un dolor de cabeza muy intenso, visión borrosa, palpitaciones, dificultad para respirar) muchas veces el daño ya es importante. El bienestar que siente cuando toma su medicamento no es casualidad: es el resultado directo de tomarlo.

Si el medicamento le produce efectos secundarios como tos seca, hinchazón de tobillos o mareo al levantarse, no lo suspenda por su cuenta. Comuníqueselo a su médico. Existen múltiples familias de medicamentos antihipertensivos con perfiles de efectos secundarios distintos, y encontrar el que mejor se adapta a usted es parte del trabajo médico. Nunca debe ser el paciente quien decida suspender el tratamiento sin orientación profesional.

Hipotensión postural: el mareo al levantarse que no debe ignorar

Algunas personas mayores experimentan una baja repentina de presión al ponerse de pie después de estar acostadas o sentadas. Esta condición se llama hipotensión ortostática o postural, y se manifiesta como mareo, sensación de inestabilidad o incluso desmayo en los primeros momentos después de levantarse. En adultos mayores, este fenómeno puede aumentar el riesgo de caídas, que son una causa importante de fracturas y pérdida de independencia.

La hipotensión postural puede ser un efecto secundario de algunos medicamentos antihipertensivos, especialmente en dosis que son demasiado altas para la persona. Sin embargo, la solución no es dejar el tratamiento, sino ajustarlo con el médico. Una medida preventiva sencilla y muy eficaz es levantarse siempre de forma gradual: primero sentarse en la cama unos segundos, luego apoyar los pies en el suelo, y solo entonces ponerse de pie. Este pequeño cambio en la rutina puede prevenir caídas y proteger la independencia.

Si experimenta mareos frecuentes, especialmente al cambiar de posición, asegúrese de mencionarlo en su próxima consulta. Su médico puede verificar si los valores de presión que está manejando son los más adecuados para su situación actual.

Hábitos que protegen la presión a cualquier edad, pero especialmente a partir de los 60

El tratamiento de la hipertensión en adultos mayores combina medicamento y cambios de estilo de vida. Estos últimos no son un complemento menor: en muchos casos tienen un impacto directo y medible sobre los valores de presión, y algunos tienen además beneficios que van mucho más allá del control cardiovascular.

Reducir el sodio en la dieta es una de las medidas con mayor evidencia. Esto no significa solo quitar el salero de la mesa, sino revisar también los alimentos procesados, embutidos, enlatados y sopas instantáneas, que concentran grandes cantidades de sodio invisible. Consumir más potasio (presente en plátanos, espinacas, frijoles, aguacate) también ayuda a relajar los vasos sanguíneos y a reducir la presión.

El ejercicio físico moderado es igualmente valioso. Caminar 30 minutos diarios, nadar o incluso bailar son actividades perfectamente compatibles con la mayoría de los adultos mayores, y tienen efectos demostrables sobre la presión arterial. Si tiene alguna condición ortopédica o cardiovascular adicional, consulte con su médico qué tipo de actividad es la más adecuada para usted.

Controlar el peso, moderar el consumo de alcohol, no fumar y gestionar el estrés son factores que también impactan directamente la presión. Y si usted tiene además diabetes o enfermedad renal, el control de la presión debe ser aún más riguroso, ya que la combinación de estas condiciones eleva el riesgo de complicaciones de forma multiplicada.

Su compromiso de hoy

Esta semana puede dar estos pasos concretos para proteger su salud cardiovascular:

  • Revise si tiene pastillero: organizar el medicamento por día de la semana ayuda a no olvidar dosis y a confirmar que las tomó.
  • Practique levantarse despacio durante esta semana: primero siéntese en la cama, espere unos segundos y luego póngase de pie. Observe si los mareos disminuyen.
  • Revise un alimento de su dieta diaria que tenga mucho sodio (embutidos, sopas de sobre, comida empacada) y propóngase reducirlo o sustituirlo esta semana.
  • Si tiene más de tres semanas sin medirse la presión, busque la forma de hacerlo esta semana, ya sea en casa, en una farmacia o en su unidad de salud.
  • Si experimenta mareo al levantarse, dificultad para respirar, hinchazón en los tobillos o cualquier efecto secundario del medicamento, no espere: consulte a su médico esta semana.

Recuerde: la edad avanzada no es un obstáculo para tener una presión controlada. Es, al contrario, la razón más poderosa para mantener el tratamiento con constancia y cuidar cada hábito.

Referencias

  • Kjeldsen, S. E. (2018). Hypertension and cardiovascular risk: General aspects. Pharmacological Research, 129, 95–99. https://doi.org/10.1016/j.phrs.2017.11.003
  • Organización Panamericana de la Salud. (2021). Hipertensión arterial: Guía de prevención, diagnóstico y tratamiento para adultos. OPS. https://www.paho.org/es/temas/hipertension
  • Williamson, J. D., Supiano, M. A., Applegate, W. B., Berlowitz, D. R., Campbell, R. C., Chertow, G. M., Fine, L. J., Haley, W. E., Hawfield, A. T., Ix, J. H., Kitzman, D. W., Kostis, J. B., Krousel-Wood, M. A., Launer, L. J., Oparil, S., Rodriguez, C. J., Roumie, C. L., Shorr, R. I., Sink, K. M., … SPRINT Research Group. (2016). Intensive vs standard blood pressure control and cardiovascular disease outcomes in adults aged ≥75 years. JAMA, 315(24), 2673–2682. https://doi.org/10.1001/jama.2016.7050

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