
PUNTOS CLAVE
- Las personas con demencia sienten dolor igual que cualquier otra persona, pero a menudo no pueden comunicarlo con palabras.
- El dolor no expresado puede manifestarse como agitación, llanto, rechazo al cuidado, cambios en el sueño o pérdida del apetito.
- Los cuidadores que conocen bien a su familiar son la primera línea de detección del dolor no verbal.
- Existen escalas clínicas especialmente diseñadas para evaluar el dolor en personas con demencia avanzada.
- El dolor no tratado empeora la calidad de vida, aumenta la agitación y acelera el deterioro funcional.
- Consulte siempre con el médico antes de administrar cualquier medicamento para el dolor a una persona con demencia.
Si su familiar con demencia muestra cambios bruscos en el comportamiento como agitación intensa, llanto frecuente o rechazo al contacto, consulte con el médico para descartar dolor u otras causas médicas tratables.
Imagine que siente un dolor intenso, pero no puede encontrar las palabras para decirlo. No porque no quiera, sino porque la parte del cerebro que organiza el lenguaje ya no funciona como antes. Esta es la realidad que enfrentan muchas personas en etapas intermedias o avanzadas de la demencia: el dolor está presente, es real, pero no puede comunicarse de la manera habitual. Y cuando el dolor no se comunica, frecuentemente no se trata.
En El Salvador, como en muchos países, el dolor en personas con demencia es uno de los aspectos más subestimados del cuidado de esta enfermedad. Los estudios internacionales estiman que entre el 40 y el 80 por ciento de los adultos mayores con demencia experimentan dolor de manera regular, ya sea por enfermedades articulares, problemas dentales, infecciones urinarias, estreñimiento u otras causas comunes. Sin embargo, una proporción significativa de ese dolor nunca recibe tratamiento adecuado porque no se detecta a tiempo.
Este artículo le explica como el dolor se expresa en personas que no pueden verbalizarlo, cuales son las señales que todo cuidador debe aprender a reconocer, que herramientas existen para evaluarlo y como trabajar con el equipo de salud para asegurar que su familiar reciba el alivio que merece.
Por qué la demencia complica la expresión del dolor
El dolor es una experiencia que tiene dos componentes inseparables: la sensación física y la capacidad de comunicarla. En una persona sin deterioro cognitivo, estos dos componentes funcionan juntos de manera automática: se siente dolor y se dice donde duele, con que intensidad y desde cuándo. En la demencia, el segundo componente se va deteriorando a medida que avanza la enfermedad, mientras que el primero permanece intacto.
Esto significa que la persona con demencia avanzada puede sentir el mismo nivel de dolor que cualquier otra persona, con la misma intensidad y el mismo impacto emocional, pero carece de la capacidad para describirlo con palabras claras. Puede que diga que algo le molesta sin poder especificar que es, o puede que no diga nada y exprese el malestar únicamente a través de su comportamiento y su expresión corporal.
Hay otro factor que complica aún más la situación: algunas personas con demencia desarrollan con el tiempo una menor tendencia a quejarse, ya sea porque han perdido la iniciativa para comunicar sus necesidades o porque los cambios en el cerebro afectan la forma en que procesan e interpretan las señales de dolor. Esto puede llevar a los cuidadores a subestimar el nivel de malestar de su familiar, creyendo que si no se queja es porque no duele, cuando en realidad puede estar sufriendo en silencio.
Cómo se manifiesta el dolor cuando no hay palabras
Aprender a leer el lenguaje no verbal del dolor en una persona con demencia es una de las habilidades más importantes que puede desarrollar un cuidador. No es una habilidad que se aprenda de un día para otro, pero si requiere atención sostenida, conocimiento de la persona y disposición para observar con cuidado los cambios en su comportamiento habitual.
Entre las manifestaciones más frecuentes del dolor no verbalizado en personas con demencia se encuentran las expresiones faciales de malestar como fruncir el ceño, apretar los labios o cerrar los ojos con fuerza. También son señales la agitación o el movimiento constante que no tiene una causa evidente, los gemidos o sonidos de malestar que aparecen durante el cuidado o la movilización, el rechazo al contacto físico en zonas del cuerpo que antes la persona aceptaba sin problema, y los cambios bruscos en el apetito o el sueño.
En muchos casos, el dolor se manifiesta como un empeoramiento de comportamientos que el cuidador ya conocía: una persona que habitualmente está tranquila puede volverse agitada, una que dormía bien puede empezar a despertarse frecuentemente, o una que comía con apetito puede comenzar a rechazar la comida. Estos cambios no siempre tienen una causa psicológica o relacionada con la demencia; con frecuencia tienen una causa física como el dolor, y merece investigarse antes de asumir otra explicación.
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Las causas más frecuentes de dolor en personas con demencia
Conocer cuáles son las causas más comunes de dolor en adultos mayores con demencia ayuda a los cuidadores y al equipo de salud a buscar en los lugares correctos cuando aparecen cambios de comportamiento inexplicables. La lista es más larga de lo que muchos imaginan, lo que subraya la importancia de una evaluación médica sistemática ante cualquier cambió conductual significativo.
Las enfermedades osteoarticulares son la causa más frecuente: la artritis, la artrosis y otras condiciones de las articulaciones generan dolor crónico que puede intensificarse con los movimientos del cuidado, como bañarse, vestirse o ser trasladado de la cama a la silla. Las infecciones, especialmente las del tracto urinario y las respiratorias, son otra causa muy común que puede provocar un deterioro rápido y un aumento de la agitación. El estreñimiento, los problemas dentales, las heridas en la piel como las ulceras por presión y las neuropatías dolorosas asociadas a la diabetes son otras causas que deben tenerse en cuenta.
Una evaluación médica periódica que incluya revisión de la cavidad oral, la piel, el sistema urinario y el sistema musculo esquelético puede detectar muchas de estas causas antes de que generen un sufrimiento significativo. El médico tratante puede orientar al cuidador sobre la frecuencia recomendada de estos controles según el estado de la persona.
Herramientas para evaluar el dolor sin palabras
Ante la dificultad de que la persona con demencia exprese su dolor verbalmente, los profesionales de la salud han desarrollado escalas de observación especialmente diseñadas para este propósito. Estas herramientas permiten al cuidador o al clínico evaluar de manera sistemática las señales no verbales de dolor y obtener una estimación de su intensidad, lo que facilita la toma de decisiones sobre el tratamiento.
Una de las más utilizadas en el ámbito clínico es la escala PAINAD (Pain Assessment in Advanced Dementia), que evalúa cinco indicadores: la respiración, los sonidos de vocalización negativa, la expresión facial, el lenguaje corporal y la consolabilidad. Cada indicador se puntúa de 0 a 2 según la intensidad observada, y la suma total indica el nivel de dolor probable. Esta escala puede ser utilizada por el personal de salud y ensenada a cuidadores entrenados.
Aunque estas escalas no son perfectas ni reemplazan el juicio clínico, son herramientas valiosísimas para dar voz a quienes no pueden hablar. Si el médico de su familiar no utiliza actualmente ninguna herramienta de evaluación del dolor no verbal, puede preguntarle al respecto en la próxima consulta. Solicitar que el dolor se evalué de manera regular, y no solo cuando hay una queja evidente, es una forma de abogar por la dignidad y el bienestar de su familiar.
El impacto del dolor no tratado en la calidad de vida
El dolor crónico no tratado en personas con demencia no es solo una fuente de sufrimiento en sí mismo: tiene consecuencias en cascada que afectan múltiples aspectos de la calidad de vida. La agitación, uno de los comportamientos que más estrés genera en los cuidadores, tiene al dolor entre sus causas más frecuentes y más subestimadas. Tratar el dolor puede reducir significativamente la agitación, lo que a su vez mejora el bienestar de toda la familia.
El dolor también deteriora el sueño, reduce el apetito, disminuye la participación en actividades y aumenta la dependencia funcional. En personas con demencia, cuya reserva cognitiva y física ya está comprometida, estos efectos pueden acelerar el deterioro de manera notable. Cada día con dolor no tratado es un día de mayor sufrimiento y un día de oportunidades perdidas para el bienestar.
Por otra parte, el impacto del dolor no tratado se extiende también al cuidador. Cuando una persona con demencia esta agitada, grita, rechaza el cuidado o llora de manera persistente sin que el cuidador pueda identificar la causa, el nivel de estrés y agotamiento del cuidador aumenta dramáticamente. Identificar y tratar el dolor puede transformar la experiencia del cuidado para ambas personas: la que está enferma y la que cuida.
Como trabajar con el equipo de salud para manejar el dolor
El manejo del dolor en personas con demencia requiere una colaboración estrecha entre el cuidador y el equipo de salud. El cuidador es quien mejor conoce a la persona, quien observa sus cambios cotidianos y quien tiene la información más valiosa para orientar el diagnóstico. El médico y los demás profesionales de salud tienen las herramientas clínicas para identificar la causa del dolor y establecer el tratamiento adecuado.
Llevar un registro sencillo de los comportamientos observados, incluyendo cuando ocurren, con qué frecuencia, en qué circunstancias y que parece aliviarlos o empeorarlos, es una herramienta de gran valor en las consultas médicas. Este registro permite al clínico identificar patrones que de otra manera podrían pasarse por alto y facilita la selección del tratamiento más apropiado.
El tratamiento del dolor en demencia puede incluir medicamentos, cambios en la posición y el entorno, aplicación de calor o frio, masajes suaves, fisioterapia o una combinación de estas intervenciones. La decisión sobre que tratamiento usar debe tomarse siempre en conjunto con el médico, considerando los riesgos y beneficios para cada persona de manera individualizada. Nunca administre analgésicos u otros medicamentos por cuenta propia a una persona con demencia sin consultar primero con el equipo de salud.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Esta semana, observe con atención el comportamiento de su familiar durante los momentos de cuidado como el baño, el vestido o la movilización, y anote cualquier señal de malestar.
- Lleve a la próxima consulta médica un registro de los cambios de comportamiento que ha observado, con fecha, hora y circunstancias.
- Pregunte al médico tratante si el dolor está siendo evaluado de manera regular y si existe algún instrumento de evaluación que pueda usar en casa.
- Revise si su familiar tiene algún problema físico visible como heridas en la piel, problemas dentales o molestias al moverse que podrían estar causando dolor.
- Busque información sobre cuidados paliativos disponibles en su área: estos equipos tienen experiencia específica en el manejo del dolor y el confort en etapas avanzadas de la enfermedad.
Recuerde: su familiar merece estar cómodo y sin dolor. Su atención y su voz son las herramientas más poderosas para lograrlo.
Referencias
- Achterberg, W. P., Pieper, M. J. C., van Dalen-Kok, A. H., de Waal, M. W. M., Husebo, B. S., Lautenbacher, S., Kunz, M., Scherder, E. J. A., & Corbett, A. (2013). Pain management in patients with dementia. Clinical Interventions in Aging, 8, 1471-1482. https://doi.org/10.2147/CIA.S36739
- Husebo, B. S., Ballard, C., Sandvik, R., Nilsen, O. B., & Aarsland, D. (2011). Efficacy of treating pain to reduce behavioural disturbances in residents of nursing homes with dementia. BMJ, 343, d4065. https://doi.org/10.1136/bmj.d4065
- Moore, R. J. (Ed.). (2018). Handbook of pain and palliative care: Biopsychosocial and environmental approaches (2nd ed.). Springer International Publishing.
- Organización Mundial de la Salud. (2023). Dementia. OMS. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/dementia
- Warden, V., Hurley, A. C., & Volicer, L. (2003). Development and psychometric evaluation of the Pain Assessment in Advanced Dementia (PAINAD) scale. Journal of the American Medical Directors Association, 4(1), 9-15. https://doi.org/10.1097/01.JAM.0000043422.31640.F7
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
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