Dolor de mandíbula y fibromialgia

Dolor de mandíbula y fibromialgia

PUNTOS CLAVE

  • El trastorno temporomandibular (TTM o dolor de ATM) es la segunda causa más frecuente de dolor musculoesquelético crónico, después del dolor lumbar.
  • Entre el 24 y el 94 por ciento de las personas con fibromialgia tienen alguna forma de TTM, y viceversa, porque comparten el mismo mecanismo neurobiológico: la sensibilización central.
  • El dolor de mandíbula que coexiste con fibromialgia responde peor a los tratamientos locales que el TTM aislado: requiere un abordaje que trate ambas condiciones al mismo tiempo.
  • El bruxismo (apretar o rechinar los dientes) es un factor que agrava el TTM y se agudiza con el estrés, el sueño deficiente y la ansiedad, todos frecuentes en la fibromialgia.
  • El equipo ideal para tratar el TTM con fibromialgia incluye dentista o estomatólogo, médico especialista en dolor y psicólogo trabajando de manera coordinada.

Si tiene dolor crónico en la mandíbula o frente al oído, dificultad para abrir la boca o ruidos al masticar, junto con dolor generalizado en el cuerpo, consulte tanto a su médico como a su dentista.

Muchas personas que viven con fibromialgia también tienen un dolor persistente en la mandíbula: ese malestar sordo frente al oído, en los músculos de la sien o en la quijada que aparece al masticar, al bostezar o simplemente en reposo. Y muchas personas que consultan al dentista por dolor de mandíbula descubren con el tiempo que también tienen fibromialgia u otras condiciones de dolor crónico generalizado. Esta coincidencia no es casualidad.

El trastorno temporomandibular (TTM), que muchos conocen como dolor de ATM (articulación temporomandibular), es la segunda causa más frecuente de dolor musculoesquelético crónico, después del dolor lumbar. Afecta entre el cinco y el trece por ciento de la población general, con mayor prevalencia en mujeres. Y la proporción de personas con TTM que también tienen fibromialgia varía, según distintos estudios, entre el siete y el sesenta por ciento.

Entender esta conexión es importante porque cambia completamente el enfoque del tratamiento. Tratar solo la mandíbula cuando hay fibromialgia no da buenos resultados. Y tratar solo la fibromialgia sin atender el componente mandibular tampoco es suficiente. En este artículo le explicamos qué son estos dos trastornos, por qué están conectados y qué puede hacer para manejarlos mejor juntos.

Qué es el trastorno temporomandibular y cómo reconocerlo

La articulación temporomandibular (ATM) es la articulación que une la mandíbula con el cráneo, justo frente al oído. Es una de las articulaciones más complejas del cuerpo: permite movimientos de apertura, cierre, protrusión y movimientos laterales de la mandíbula, todos coordinados por músculos y ligamentos. Cuando alguno de estos componentes se ve afectado, aparece el TTM.

El TTM no es una sola enfermedad sino un grupo de condiciones que incluyen el dolor muscular de los músculos de la masticación, la artralgia o dolor en la propia articulación, el desplazamiento del disco articular y la osteoartritis de la ATM. Las formas más frecuentes son el dolor muscular (mialgia masticatoria o dolor miofascial) y el desplazamiento del disco.

Los síntomas más característicos del TTM incluyen: dolor sordo o pulsante en la zona frente al oído, en la sien o en los músculos de la quijada, que puede irradiarse al cuello, hombros o cabeza; ruidos articulares como chasquidos o crujidos al abrir o cerrar la boca; limitación de la apertura bucal o sensación de que la mandíbula se traba; dolor al masticar, bostezar o hablar prolongadamente; y dolores de cabeza frecuentes en las sienes. El dolor suele ser mayor por las mañanas si hay bruxismo nocturno, o al final del día si el estrés es el factor principal.

Por qué el TTM y la fibromialgia aparecen juntos con tanta frecuencia

La alta coexistencia entre TTM y fibromialgia no es coincidencia: ambas condiciones comparten el mismo mecanismo fundamental, la sensibilización central. En ambas, el sistema nervioso central ha desarrollado una hiperexcitabilidad que amplifica las señales de dolor, reduce los umbrales de respuesta ante estímulos físicos y genera dolor sin que haya daño tisular proporcional.

Esto explica varios hallazgos que los investigadores han documentado de manera consistente: las personas con fibromialgia tienen umbrales de dolor por presión y temperatura significativamente más bajos en la región de la mandíbula que las personas sin fibromialgia. Los puntos gatillo en los músculos masticatorios de personas con TTM se superponen en gran medida con los puntos sensibles de la fibromialgia. Y el dolor generalizado en el cuerpo, característica central de la fibromialgia, aumenta el riesgo de desarrollar TTM crónico y empeorar su pronóstico.

Los factores de riesgo también son compartidos en parte: el sexo femenino, el estrés crónico, los trastornos del sueño, la ansiedad y la depresión son factores de riesgo tanto para el TTM como para la fibromialgia. Un estudio encontró que las personas con TTM tenían casi siete veces más probabilidades de presentar dos o más condiciones de dolor concomitantes que las personas sin TTM. Esto sugiere que hay vulnerabilidades neurobiológicas compartidas que predisponen a una persona a desarrollar ambas condiciones.

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Cómo el TTM con fibromialgia es diferente al TTM sin fibromialgia

Esta distinción es clínicamente muy importante. El TTM que ocurre en el contexto de fibromialgia tiene características que lo diferencian del TTM localizado, y tiene un pronóstico diferente. Los estudios han documentado que los pacientes con TTM y dolor generalizado concomitante tienen dolor más severo e incapacitante, mayor área de dolor que se extiende más allá de la mandíbula, y peor respuesta a los tratamientos locales como férulas dentales o procedimientos en la articulación.

Un estudio encontró que los pacientes con TTM de tipo muscular que no mejoraron con una férula dental activa eran precisamente aquellos con dolor generalizado, posiblemente relacionado con fibromialgia. Esto significa que en estos pacientes, tratar solo la mandíbula no es suficiente: el sistema nervioso central, que es el que amplifica el dolor en toda su extensión, también necesita tratamiento.

Reconocer esta diferencia cambia el enfoque terapéutico. Un paciente con TTM sin dolor generalizado puede responder bien a una férula dental y fisioterapia local. Un paciente con TTM y fibromialgia necesita además un abordaje sistémico que incluya los mismos tratamientos usados para la fibromialgia: ejercicio aeróbico, terapia cognitivo-conductual y, en algunos casos, medicamentos como la duloxetina o la pregabalina que actúan sobre el sistema nervioso central.

Tratamientos disponibles y qué esperar de cada uno

Para el TTM en general, las intervenciones con mayor evidencia incluyen: las férulas de descarga dentales (dispositivos que se usan principalmente de noche para reducir la presión sobre la articulación y los músculos), la fisioterapia orofacial con ejercicios de apertura y movilización mandibular, la terapia cognitivo-conductual para el manejo del estrés y los hábitos parafuncionales como el apriete o el rechinar de dientes, la aplicación de calor en los músculos masticatorios, y los medicamentos antiinflamatorios a corto plazo para los episodios agudos.

Para el TTM coexistente con fibromialgia, el plan de tratamiento debe integrar esas estrategias locales con las estrategias sistémicas recomendadas para la fibromialgia: ejercicio aeróbico regular, educación sobre la neurociencia del dolor, terapia psicológica y, cuando es necesario, medicamentos que actúen sobre el sistema nervioso central. La coordinación entre el dentista o estomatólogo y el médico especialista es fundamental en estos casos.

Lo que generalmente no tiene buena evidencia en el TTM crónico con fibromialgia son los procedimientos invasivos como cirugías articulares o infiltraciones repetidas. Estos pueden tener un papel en casos muy seleccionados, pero no son la respuesta para el dolor de mandíbula cuando el mecanismo principal es la sensibilización central. Antes de considerar cualquier intervención invasiva, asegúrese de que el tratamiento conservativo integral haya sido intentado de manera consistente durante al menos tres a seis meses.

Lo que usted puede hacer desde hoy para manejar el dolor de mandíbula

Si tiene dolor de mandíbula, hay estrategias que puede comenzar a aplicar mientras obtiene atención especializada. La primera es reducir la carga sobre la articulación: evite mascar chicle, evite los alimentos duros o crujientes durante los episodios de dolor más intenso, y aprenda a mantener los dientes ligeramente separados y los músculos de la mandíbula relajados cuando no está masticando ni hablando. Muchas personas aprietan los dientes sin darse cuenta durante el estrés o la concentración: hacerse consciente de este hábito y corregirlo puede reducir significativamente el dolor.

La aplicación de calor húmedo sobre los músculos de la mandíbula y la sien durante diez a quince minutos varias veces al día puede reducir la tensión muscular y el dolor. La postura también importa: una cabeza muy adelantada respecto a los hombros aumenta la tensión en los músculos cervicales y masticatorios. Un fisioterapeuta puede enseñarle ejercicios de postura y estiramiento cervical que complementan el tratamiento odontológico.

Maneje el estrés activamente, porque es uno de los factores que más agrava tanto el TTM como la fibromialgia. Las técnicas de relajación, el ejercicio regular y el sueño adecuado no son lujos sino parte del tratamiento. Si tiene bruxismo nocturno, comente con su dentista sobre la posibilidad de una férula de descarga: puede ser una de las intervenciones más efectivas y accesibles para el dolor de mandíbula relacionado con este hábito.

Cuándo buscar atención especializada y a quién consultar

Si el dolor de mandíbula persiste más de cuatro semanas, interfiere con el sueño, la alimentación o las actividades cotidianas, o viene acompañado de ruidos articulares pronunciados y limitación de apertura bucal, es momento de buscar atención especializada. El primer paso es una consulta con su dentista, quien puede hacer una evaluación inicial del estado de la articulación y los músculos y derivarle a un especialista si es necesario.

En El Salvador, los servicios de estomatología de los hospitales universitarios y algunas clínicas dentales especializadas cuentan con profesionales con formación en dolor orofacial y trastornos temporomandibulares. Si ya tiene diagnóstico de fibromialgia y ahora desarrolla síntomas de TTM, informe a su médico reumatólogo o especialista en dolor: la coordinación entre ambos profesionales dará mejores resultados que tratar cada condición por separado.

Recuerde que el camino hacia el manejo efectivo del TTM con fibromialgia puede ser más largo que el del TTM aislado, pero es un camino que vale la pena recorrer. Con el equipo correcto y el enfoque adecuado, la mayoría de las personas con ambas condiciones logra reducir el dolor de manera significativa y recuperar actividades que el dolor había limitado. La paciencia y la consistencia con el tratamiento son sus mejores aliadas.

Su compromiso de hoy

Esta semana puede dar estos pasos concretos:

  • Si tiene dolor de mandíbula crónico junto con dolor generalizado en el cuerpo, hable esta semana con su dentista y con su médico sobre la posibilidad de que ambas condiciones estén relacionadas.
  • Practique hoy la posición de reposo mandibular: dientes ligeramente separados, labios cerrados, lengua contra el paladar. Haga esto consciente varias veces al día.
  • Identifique si aprieta o rechina los dientes cuando está estresado o concentrado: hacerse consciente de este hábito es el primer paso para corregirlo.
  • Aplique calor húmedo sobre la zona frente al oído durante 10 minutos esta noche si tiene dolor de mandíbula activo.

El dolor de mandíbula y la fibromialgia tienen un origen compartido. Tratarlos juntos, con el equipo correcto, produce los mejores resultados.

Referencias

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Contenido revisado por profesionales de la salud

Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →

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