
PUNTOS CLAVE
- Los problemas de sueño afectan a entre el 40 y el 70 por ciento de las personas con demencia y son una causa importante de agotamiento en el cuidador.
- La demencia altera el reloj biológico interno, lo que explica la confusión nocturna y el ciclo invertido día-noche.
- El “sundowning” o agitación vespertina es uno de los patrones más frecuentes y desafiantes en la demencia.
- La higiene del sueño, la exposición a la luz natural y la actividad física durante el día son intervenciones efectivas.
- Dormir bien no es solo importante para quien tiene demencia: también es una necesidad urgente del cuidador.
Si los problemas de sueño son severos o ponen en riesgo la seguridad de la persona o del cuidador, consulte al médico. Hay opciones de manejo específicas que pueden mejorar la situación.
Pocas cosas agotan tanto a un cuidador como las noches difíciles. La persona con demencia que se levanta confundida a las dos de la mañana, que no sabe dónde está, que llama a personas que ya no están o que simplemente no puede dormirse: estas situaciones se repiten con una frecuencia que desgasta incluso a los cuidadores más dedicados. Y sin sueño, todo lo demás se vuelve más difícil: la paciencia se agota, los errores aumentan y la salud de quien cuida se resiente.
Los problemas de sueño son uno de los síntomas más frecuentes y más subestimados de la demencia. Afectan entre el 40 y el 70 por ciento de las personas con esta enfermedad, dependiendo del tipo y la etapa. Y no son simplemente “malos hábitos de sueño”: tienen una base neurológica clara en los cambios que la demencia produce en el cerebro.
En este artículo encontrará una explicación de por qué la demencia altera el sueño, cuáles son los patrones más frecuentes, qué estrategias prácticas han demostrado ayudar y cómo proteger también el sueño del cuidador, que es tan importante como el de la persona que cuida.
Por qué la demencia altera el sueño
El cerebro tiene un reloj interno, llamado ritmo circadiano, que regula los ciclos de sueño y vigilia. Este reloj biológico está coordinado por una pequeña zona del cerebro llamada núcleo supraquiasmático y responde principalmente a la luz. En las personas con demencia, este sistema se ve dañado directamente por la enfermedad, lo que altera la capacidad del cerebro para distinguir el día de la noche y para mantener un ritmo de sueño regular.
Esta alteración explica algunos de los patrones más característicos de los problemas de sueño en la demencia: la persona duerme a ratos durante el día y permanece despierta y confundida de noche, invirtiendo el ciclo normal. También puede tener dificultad para iniciar el sueño, despertarse con mucha frecuencia durante la noche o tener episodios de confusión intensa al despertar, sin saber dónde está ni qué hora es.
Además del daño en el reloj biológico, hay otros factores que contribuyen a los problemas de sueño en la demencia: el dolor físico no tratado, la apnea del sueño, la necesidad de orinar con frecuencia durante la noche, los efectos secundarios de ciertos medicamentos, la depresión y la ansiedad, y un ambiente de sueño inadecuado.
El sundowning: la agitación vespertina
Uno de los patrones más desafiantes para las familias es el sundowning, término inglés que describe un aumento de la confusión, la agitación y el comportamiento problemático que ocurre típicamente al final del día, entre las cuatro y las ocho de la tarde. La persona que estaba relativamente calmada durante el día puede volverse inquieta, desconfiada, agitada o incluso agresiva cuando cae la tarde.
Las causas del sundowning no se entienden completamente, pero se relacionan con el daño en el ritmo circadiano, el agotamiento acumulado durante el día y la reducción de la luz ambiental que ocurre naturalmente al atardecer. En algunas personas, también coincide con el cansancio de los cuidadores al final de la jornada, lo que puede contribuir a un ambiente más tenso que la persona capta aunque no pueda articularlo.
Para manejar el sundowning, algunas estrategias que han demostrado utilidad incluyen: aumentar la exposición a luz brillante por la mañana para reforzar el ritmo circadiano; planificar actividades tranquilas y familiares en las horas previas al atardecer; evitar el café y otros estimulantes después del mediodía; y mantener las luces del hogar encendidas conforme cae la tarde para reducir el efecto de la oscuridad.
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Principios de higiene del sueño adaptados a la demencia
La higiene del sueño, que son los hábitos y el ambiente que favorecen un buen descanso, también se aplica a las personas con demencia, aunque con algunas adaptaciones. La consistencia es fundamental: mantener horarios regulares para levantarse, acostarse y las actividades del día ayuda al cerebro dañado a establecer rutinas que orientan el ritmo circadiano.
La exposición a la luz natural es una de las intervenciones más importantes y menos costosas. Salir a caminar por la mañana, sentarse junto a una ventana con buena luz o usar lámparas de luz brillante en las horas de la mañana ayuda a “ajustar” el reloj biológico y a mejorar la calidad del sueño nocturno. Por el contrario, la exposición a pantallas brillantes (televisores, tablets, teléfonos) en las horas previas al sueño puede interferir con la producción de melatonina y dificultar el descanso.
El ambiente del dormitorio también importa: temperatura fresca, oscuridad apropiada, colchón y almohada cómodos, y ausencia de ruidos molestos. Si la persona se levanta durante la noche y hay riesgo de caídas, verificar que el camino al baño esté bien iluminado con luces nocturnas puede prevenir accidentes sin interrumpir demasiado el sueño.
La actividad física diurna como aliada del sueño
Una de las intervenciones con mayor evidencia para mejorar el sueño en la demencia es aumentar la actividad física durante el día. Las personas con demencia que se mantienen sedentarias tienen más dificultades para dormir de noche, mientras que quienes realizan caminatas regulares u otras formas de actividad física moderada reportan mejor calidad del sueño.
La actividad no tiene que ser intensa para ser efectiva. Una caminata de 20 a 30 minutos por la mañana o a primera hora de la tarde puede marcar una diferencia notable en la calidad del sueño nocturno. Actividades como el baile, los ejercicios suaves de estiramiento, la jardinería o incluso las tareas domésticas ligeras también cuentan como actividad física y contribuyen a la fatiga necesaria para un buen sueño.
Es importante evitar la actividad física intensa en las últimas horas de la tarde, ya que puede tener el efecto contrario y estimular al cerebro en lugar de prepararlo para el sueño. El objetivo es encontrar el equilibrio entre suficiente actividad diurna para favorecer el cansancio nocturno y no estimular demasiado el sistema nervioso cerca de la hora de dormir.
Medicamentos para el sueño en la demencia: con mucha precaución
Ante las noches difíciles, muchos cuidadores piden al médico algo que ayude a la persona a dormir. Esta solicitud es completamente comprensible, pero hay que tener mucho cuidado porque la mayoría de los medicamentos para dormir que se usan en la población general no son seguros ni efectivos en personas mayores con demencia.
Las benzodiazepinas y los hipnóticos similares, como ciertos somníferos comunes, pueden aumentar la confusión, el riesgo de caídas, la dependencia y paradójicamente empeorar el sueño a largo plazo. Los antihistamínicos con efecto sedante, que se venden sin receta para el insomnio, tienen efectos anticolinérgicos que pueden deteriorar la función cognitiva.
La melatonina, que es una hormona que el cuerpo produce naturalmente para regular el sueño, puede ser una opción más segura en algunos casos y puede ayudar a regularizar el ritmo circadiano. Sin embargo, su evidencia en demencia es limitada y debe usarse bajo supervisión médica. El médico también puede evaluar si alguno de los medicamentos actuales de la persona está interfiriendo con el sueño, y si hay condiciones tratables como la apnea del sueño que estén contribuyendo al problema.
El sueño del cuidador: una prioridad que no puede ignorarse
Cuando las noches de quien cuida se fragmentan semana tras semana por los problemas de sueño de su familiar con demencia, el agotamiento se acumula de manera que eventualmente afecta la capacidad de cuidar, la salud física y mental del cuidador y la calidad del cuidado que puede ofrecer. El sueño del cuidador no es un lujo: es una condición básica para que todo lo demás funcione.
Algunas estrategias que pueden ayudar incluyen: establecer turnos nocturnos entre los miembros de la familia para no cargar siempre sobre una sola persona; considerar el uso de monitores de bebé o alarmas de movimiento para no tener que permanecer en alerta constante; contratar ayuda nocturna algunos días a la semana cuando sea económicamente posible; y comunicar al médico del cuidador el impacto que el insomnio está teniendo en su propia salud.
Si la situación nocturna se ha vuelto insostenible y está afectando seriamente la salud del cuidador, puede ser el momento de evaluar con el equipo médico opciones adicionales de apoyo, que pueden incluir cambios en el manejo de la demencia del familiar, apoyo de respiro temporal o, en algunos casos, evaluación de cuidado en otro entorno. Reconocer este límite no es abandonar a su familiar: es ser honesto sobre lo que es sostenible y buscar soluciones reales.
Su compromiso de hoy
Esta semana puede dar estos pasos concretos:
- Esta semana, asegure que su familiar reciba al menos 20 minutos de luz natural por la mañana, ya sea saliendo a caminar o sentándose junto a una ventana bien iluminada.
- Establezca un horario consistente para acostarse y levantarse, y una rutina relajante de preparación para el sueño.
- Reduzca las siestas durante el día a no más de 30 minutos y evite que se tomen después de las 3 de la tarde.
- Si usted es el cuidador y no está durmiendo bien, hable con otro familiar esta semana para establecer un turno nocturno que le permita descansar.
Las noches difíciles son reales y merecen atención. Pero con estrategias concretas y apoyo, es posible mejorar el descanso para todos en el hogar.
Referencias
- Colbert, D. (2023). Dr. Colbert”s healthy brain zone. Siloam.
- Coope, B., & Richards, F. A. (2014). ABC of dementia. Wiley Blackwell.
- Marrie, D., & Williams, S. (2014). Behavioural and psychological symptoms of dementia (BPSD). En B. Coope & F. A. Richards (Eds.), ABC of dementia (pp. 31-36). Wiley Blackwell.
- Alzheimer”s Association. (2024). Alzheimer”s disease facts and figures. Alzheimer”s & Dementia, 20(5), 3708-3821.
- Organización Mundial de la Salud. (2023). Demencia: datos y cifras. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dementia
Contenido revisado por profesionales de la salud
Este artículo fue verificado por el equipo médico de Hablemos de Salud SV: Dr. Gustavo Cuéllar, Dr. Fernando Santa Cruz y Dra. Sara Corado, médicos salvadoreños especialistas en medicina familiar y gerontología clínica. Conoce al equipo →
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