Estreñimiento y encopresis en la niñez

Estreñimiento y encopresis en la niñez

PUNTOS CLAVE

  • El estreñimiento infantil casi nunca se debe a una enfermedad grave: en la mayoría de los casos es funcional y se resuelve con tratamiento y constancia.
  • Todo empieza igual: una deposición dolorosa hace que el niño aguante, la retención endurece más las heces y el dolor se repite.
  • La encopresis, o ensuciarse la ropa interior, no es indisciplina ni pereza: es líquido que se escapa alrededor de una masa dura retenida.
  • Castigar, regañar o avergonzar al niño empeora la retención y prolonga el problema durante meses.
  • El tratamiento tiene tres partes: desimpactar, mantener con medicamento durante meses y reeducar el hábito con horarios fijos.

Si el estreñimiento comenzó en el primer mes de vida, o si hay sangre abundante, vómitos verdosos, distensión importante del abdomen o pérdida de peso, consulte sin demora.

Hay una escena que se repite en muchos hogares: el niño se pone de puntillas, cruza las piernas, se esconde detrás de un mueble, aprieta los glúteos y se pone rojo. La familia interpreta que está pujando para hacer del cuerpo. En realidad está haciendo exactamente lo contrario: está luchando con todas sus fuerzas para aguantar.

Y hay otra escena todavía más difícil: el niño de seis o siete años que aparece con la ropa interior sucia varias veces por semana. La reacción habitual es el enojo, porque parece descuido o desafío. La verdad es distinta y merece conocerse: ese niño no siente cuándo ocurre y no puede evitarlo.

El estreñimiento crónico es uno de los motivos de consulta pediátrica más frecuentes, y también uno de los peor comprendidos en casa. En este artículo le explicamos cómo se instala el problema, por qué el castigo lo empeora y cuál es el tratamiento que realmente funciona.

¿Cómo empieza el círculo del estreñimiento?

Casi siempre hay un episodio inicial que marca el comienzo. Puede ser un cambio de alimentación, un viaje, una gripe con poca ingesta de líquidos, la llegada de un hermano, el inicio del control de esfínteres o el ingreso a la escuela donde el baño no da confianza. En ese momento el niño hace una deposición grande y dura que le duele.

El cerebro infantil aprende esa lección de inmediato. La próxima vez que sienta ganas, va a aguantar para no repetir el dolor. Y ahí empieza el círculo: mientras más tiempo permanecen las heces en el intestino grueso, más agua se les absorbe y más duras se ponen, de modo que la siguiente deposición duele todavía más.

Con el tiempo el recto se dilata para acomodar todo ese contenido retenido. Y aquí ocurre el cambio decisivo: un recto muy distendido pierde sensibilidad. El niño deja de percibir las ganas de ir al baño, no porque no quiera, sino porque la señal ya no llega con claridad.

En esa situación las heces líquidas que vienen por detrás se filtran alrededor de la masa dura y salen sin aviso. Eso es la encopresis. Para la familia parece que el niño se ensució por descuido; para el niño es un accidente que ni siquiera sintió venir, y que a menudo lo llena de vergüenza.

¿Qué señales indican estreñimiento y cuándo hay que estudiarlo?

No se trata solo de la frecuencia. Un niño puede ir todos los días y estar estreñido si lo que expulsa es duro, escaso y doloroso. Estas son las señales que conviene reconocer:

  • Menos de tres deposiciones por semana de forma habitual.
  • Heces muy duras, en bolitas, o tan grandes que tapan el inodoro.
  • Dolor al defecar, llanto o sangre roja brillante en el papel por fisuras.
  • Posturas de retención: cruzar las piernas, ponerse rígido, esconderse.
  • Dolor abdominal recurrente que mejora después de una deposición.
  • Manchas de heces en la ropa interior en un niño que ya controlaba esfínteres.
  • Poco apetito y sensación de llenura permanente.

En más del noventa por ciento de los casos se trata de estreñimiento funcional, sin ninguna enfermedad de fondo. Sin embargo, hay datos que obligan a estudiar más: que el problema haya comenzado en el primer mes de vida, que el bebé no haya expulsado meconio en las primeras cuarenta y ocho horas, vómitos verdosos, distensión abdominal marcada, retraso del crecimiento, fiebre o alteraciones en la zona lumbar y anal.

Esas señales pueden orientar hacia causas como la enfermedad de Hirschsprung, el hipotiroidismo, la enfermedad celíaca o alteraciones de la médula espinal, y por eso ameritan evaluación específica.

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¿En qué consiste el tratamiento que sí funciona?

El tratamiento tiene tres fases y fallar en cualquiera de ellas explica casi todas las recaídas. La primera es la desimpactación: vaciar la masa acumulada. Esto se hace con medicamentos indicados por el personal de salud, generalmente por vía oral en dosis mayores durante unos días, y en algunos casos con apoyo rectal. Intentar corregir el hábito sin haber vaciado primero no funciona.

La segunda fase es el mantenimiento, y es la que más se abandona. Consiste en usar un laxante osmótico suave todos los días durante varios meses, para que las deposiciones sean blandas y sin dolor. El objetivo es que el recto dilatado recupere su tamaño y su sensibilidad, y eso toma tiempo. Suspender el medicamento a las dos semanas porque ya va bien es la causa número uno de recaída.

La tercera fase es la reeducación del hábito. Se le pide al niño que se siente en el inodoro después de las comidas principales, entre cinco y diez minutos, con los pies apoyados en un banquito para que las rodillas queden más altas que las caderas. Esa postura relaja la musculatura y facilita la evacuación.

Todo esto se acompaña de cambios en la alimentación: más agua a lo largo del día, frutas como papaya, mango, ciruela y naranja, verduras, frijoles y granos enteros, y menos exceso de leche de vaca, que en cantidades grandes contribuye al estreñimiento. La actividad física diaria también ayuda de forma significativa.

¿Por qué el castigo empeora todo?

Esta es probablemente la parte más importante del artículo. Cuando un niño con encopresis es regañado, ridiculizado o castigado, siente vergüenza y miedo. Y como el mecanismo que está fallando es justamente la retención, el miedo lo lleva a aguantar todavía más para no equivocarse. El resultado es que el problema se profundiza.

Muchos niños esconden la ropa interior sucia por temor a la reacción de los adultos, y las familias interpretan ese ocultamiento como prueba de que lo hacen a propósito. En realidad, es la prueba de cuánto los está afectando emocionalmente.

El enfoque correcto es tratar el accidente como algo neutro, sin dramas y sin discursos. Se limpia, se cambia de ropa, se le pide al niño que participe en la limpieza según su edad, y se sigue adelante. En cambio, sí se celebra activamente lo que sí depende de él: sentarse en el inodoro a la hora acordada, tomar el medicamento, beber agua.

Hablar con la escuela también es fundamental. Un niño que no tiene permiso para ir al baño cuando lo necesita, o que se siente inseguro en un baño escolar sin privacidad, va a aguantar durante toda la jornada. Ese detalle sabotea el mejor de los tratamientos.

¿Qué puede hacer usted desde hoy?

Empiece llevando un registro sencillo durante una semana. Anote cada día si hubo deposición, cómo era la consistencia, si hubo dolor y si hubo manchas en la ropa interior. Ese papel vale más en la consulta que cualquier descripción de memoria.

Instale hoy mismo un banquito frente al inodoro para que los pies del niño queden apoyados y las rodillas más altas que las caderas. Es una modificación mínima con un efecto mecánico real.

Establezca el horario del baño después del desayuno y después de la cena, sin presión y sin regaños, con un tiempo limitado y algo agradable a la mano. La constancia diaria es la que reconstruye el reflejo.

Aumente el agua y la fibra de forma progresiva, no de golpe, porque un cambio brusco produce gases y dolor. Y sobre todo, si el personal de salud indicó un tratamiento de mantenimiento, complételo durante todo el tiempo indicado aunque su hijo ya esté bien. Ese es el punto exacto donde la mayoría de las familias se detiene y donde el problema regresa.

Su compromiso de hoy

Esta semana puede dar estos pasos concretos:

  • Lleve durante una semana un registro diario de las deposiciones, la consistencia y el dolor.
  • Coloque un banquito frente al inodoro para que su hijo apoye los pies al defecar.
  • Establezca dos momentos fijos al día para sentarse en el inodoro, sin presión ni regaños.
  • Aumente de forma progresiva el agua, las frutas y las verduras en la alimentación diaria.
  • Si hay tratamiento indicado, complételo durante todos los meses recomendados aunque ya haya mejoría.

Recuerde: su hijo no se ensucia por desobediencia. Con tratamiento constante y sin castigos, este problema se resuelve.

Referencias

  • American Academy of Pediatrics. (2023). Constipation in children. HealthyChildren.org. https://www.healthychildren.org/English/health-issues/conditions/abdominal/Pages/Constipation.aspx
  • MedlinePlus. (s. f.). Encopresis. Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001570.htm
  • MedlinePlus. (s. f.). Estreñimiento en niños. Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003125.htm
  • National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. (2023). Constipation in children. NIDDK. https://www.niddk.nih.gov/health-information/digestive-diseases/constipation-children
  • Richardson, B. (Ed.). (2020). Pediatric primary care: Practice guidelines for nurses (4.ª ed.). Jones & Bartlett Learning.

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